
No era un partido más. Jamás lo será ante una nación que tanto daño nos hizo a lo largo de nuestra historia. El deporte no reescribe la historia pero sí sana desde un lugar leal. Y con todo ese marco tan cargado de memoria, Argentina debía enfrentarse de nuevo a la cara del destino. Es inevitable pensar que tras todo lo conseguido, no se podía exigir más. El juego estaba completo. Y siempre este guion retorcido encuentra la manera de divertirse con hilos que parecen fantasía hasta que se hacen tangibles. Argentina - Inglaterra. Semifinales. No podemos perder...
Desde la humillación a su himno con el canto más combativo que se recuerde a la Argentina en mucho tiempo. Desde el trotecito inglés a los golpes de los argentinos para marcar la cancha. Desde la postura con pelota siendo la Scaloneta más protagonista. Desde el vamos que la Albiceleste entendió de manera perfecta, lo que debía hacer. Picardía y juego mezclado con rigor físico. El partido fue una verdadera batalla, porque los ingleses se tuvieron que adaptar al contexto, o iban a padecerla. Desde Bellingham en su pose de supermodelo haciéndose el matón hasta los ojos desorbitados de su arquero Pickford tratando de ser el líder espiritual de unos europeos que estaban pálidos. "We are better" decían la gran mayoría en la previa. Y como siempre, el argentino a base de mucho corazón se lo lleva puesto. Pero también de fútbol, eh. Porque no hay que menospreciar lo que hizo la celeste y blanca con la pelota. Una breve iluminación de Messi que nos hizo acordar a la Peluca del Diego pero que Anderson hizo lo que ningún inglés se atrevió en el 86. Frenaron al Barrilete Cósmico 2.0. Pickford pidiendo el "cooling break". Y mucho choque. Así se despedía el primer tiempo.
Sin tantas emociones en los arcos, el complemento se pensó de la misma manera, aunque Inglaterra se envalentonó un poco: tal es así que, en la primera clara que tienen, la mandan a guardar. Otra vez desde abajo, otra vez teniendo que remontar. Pero esta vez, es distinto. Argentina juega mejor. Propone y busca, ante la cobardía inglesa que se vio doblegada y como no puede ser su costumbre, están solos, no pueden llamar a otros países para que le den una manito.

Acá hago un paréntesis para la mano del entrenador, que tanto dije que pifió en este Mundial con varias cosas, y que a la vez, demostró que por algo es el DT más ganador de este país. La salida de Paredes fue motivo para el aceleramiento de alopecia del 90% de la población. El 5 de Boca se lo devoró al 10 del Real Madrid y estaba siendo una de las figuras. Pero Scaloni tenía otros planes: adelantar a Enzo en la puerta del área y hacer que Mac Allister sea un llegador nato. Dio frutos. Los ingleses sienten el rigor del bombardeo argentino, con sus armas, con su juego, con su fútbol. Con su impronta "sudaca". Esa que ellos detestan. Bien de guapo. Y si hablamos de fiereza, aparece la sonrisa más socarrona de la élite de este deporte. Un tipo que lo europeizaron, con esos perfumes, con los flashes de los goles y asistencias. Pero que nunca le quitaron ser determinante. Hoy fue el Enzo de San Martín, ese que usaba zapatillas con luces y salía a bailar escuchando "Nene Malo". Le prende mecha a una pelota que le fue esquiva toda la noche. Esta vez no. La aleja de la mano del increíble Pickford, que no estaba siendo Pickford. Y el desahogo del empate es con un festejo bien argento: el "Topo" Gigio. Símbolo de ir contra los (falsos) grandes. Contra los bocones. Hablaron demasiado, boys. Ahora es nuestro momento. Solo la Selección puede permitir contradicciones tan placenteras como los momentos "Bover".
Esto no acaba aún. Argentina sabe que lo puede ganar. Huele sangre y ve el pánico en los ojos de los ingleses. Comandados por un DT alemán, los creadores del fútbol aguantan como pueden, como nunca en su vida se metieron tan atrás. Lejos de su idiosincrasia construida a base de arrebatar. Perplejos ante el alma de campeón de esta selección. Otro palo. Está ahí. Y aparece Messi, el pibe de 39, el que todo lo puede y todo lo quiere. Va el ala delta gálactico por derecha. Encara y con su pierna derecha, la que perfeccionó con el tiempo, le tira un centro a la cabeza a Lautaro Martínez. Primera que toca y a guardar. La revancha del "Toro" y la resiliencia en esas lágrimas demuestran todo lo que luchó para borrar esa actuación agridulce de Qatar 2022. Seguí pidiendo tomar agua Pickford.
Argentina gana y es merecido. Tuvimos flashbacks del 2022. Los jugadores nos representan, más que nunca con esa bandera de "Las Malvinas son argentinas". No pueden callar el dolor de un pueblo. Les arde cuando quieren someter y son sometidos. Rabian en cadenas nacionales, diciendo que tienen economía estable y nosotros solo somos fútbol. Ya quisieran tener nuestro fuego sagrado. Ese que los hizo echar con aceite hirviendo en 1806 o con la pelota en 1986. Otra muestra más de que cuando no conviene que el mundo sepa de sus iniquidades hacen todo para taparlo.Ah, y que la xenofobia aplica solo cuando sos del tercer mundo. Y que suene "La cumbia de los trapos". Nada de Wonderwall acá.

Volvemos a una final. Todo el mundo quiere ganarnos. Todo el mundo nos trata de villanos. Nosotros solo disfrutamos jugar. De menor a mayor pero siempre con el corazón por delante, este equipo demuestra el gen argentino. Antes en ocasiones puntuales. Contra Inglaterra, en todas. "Yo los conozco a ellos, son indios, se criaron en ambientes donde no le tenían miedo a nada. Eran los mejores en todos lados, de chiquitos todos esperaban mucho de ellos, no les pesa la responsabilidad", dice Scaloni ante la mirada fulminante de su esposa por el término un poco desactualizado. Pero representa la ideología del constructor de esta Selección Argentina como César Luis Menotti, que, en una gira, fueron a ver un entrenamiento de los alemanes y a través de las palabras de Valdano quedó inmortalizado este momento: "El fútbol europeo nos intimidaba por su velocidad y su fortaleza física, y Alemania, desde la misma presencia, confirmaba esa leyenda. Nadie decía nada. De pronto, Diego rompió el silencio. 'César, los alemanes son fuertísimos', dijo. '¿Fuertes?', contestó Menotti. 'No diga bobadas, si a cualquiera de esos rubios lo llevamos a la casa donde usted creció, a los tres días lo sacan en camilla. Fuerte es usted que sobrevivió a toda esa pobreza y juega al fútbol diez mil veces mejor que estos tipos'". Lo reafirma Lautaro en modo Borges recordando que se fue de su Bahía Blanca para luchar por su sueño y su mamá "nunca dejó de tender su cama". La presión de llegar y de salvar una familia. Mirá si los europeos que desayunan frijoles y bacon sabrán qué es tener solo un mate cocido en el estómago y tener que rendir. Diferencias.
Me despido con la ilusión más latente que nunca. Porque exigimos, está en nuestro ADN. Ya se escuchaba en Atlanta "el domingo cueste lo que cueste, tenemos que ganar". Vamos por la cuarta. Con huevos y fútbol. Con lo que somos. Bien argentinos.

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