Espacio publicitario disponible

LA SEMANA POLÍTICA

¿Qué factores condicionan la unidad entre Jaldo y Manzur y qué rol ocupa Kicillof en la interna tucumana?

El gobernador endurece su postura frente al manzurismo y acelera los casilleros para 2027. La injerencia del gobernador bonaerense y el impacto de los cambios en la Casa Rosada.

Avatar de Fernando Stanich
Fernando StanichTendencia de noticias
27 jun, 2026 06:48 p. m. Actualizado: 27 jun, 2026 06:48 p. m. AR
¿Qué factores condicionan la unidad entre Jaldo y Manzur  y qué rol ocupa Kicillof en la interna tucumana?

La interna se repite; como en 2023, el oficialismo tucumano discute lugares y acuerdos para el proceso electoral.

El peronismo desbloqueó esta semana una nueva fase de su interna. Con chispazos similares a los de 2021 y a los de 2025, Osvaldo Jaldo y Juan Manzur volvieron a exhibir que la unidad en el oficialismo sólo puede ser garantizada cuando las negociaciones llegan a su fin. Esa es, precisamente, la etapa que sigue a la secuencia iniciada en el Partido Justicialista.


Si bien no hay nada novedoso en los hechos recientes, hay algunas diferencias respecto de los episodios anteriores. El primero es que en 2021 hubo sólo legislativas nacionales, con lo cual las Primarias de ese año sirvieron para que Jaldo resistiera los embates de Manzur y se quedara con el derecho de buscar la Gobernación en 2023. La breve trifulca del año pasado quizá tenga más similitudes con la realidad actual.


En la primera mitad de 2025, el senador nacional reapareció en la provincia para moverse con algunos de sus referentes, como el taficeño Javier Noguera y el diputado Pablo Yedlin. Ese lapso de tensión se extendió hasta julio, cuando Manzur apareció en los actos patrios del 9 de Julio en la Casa de Gobierno. Antes, Jaldo había dicho frase que repitió esta semana. “A todos los que se hacen los guapitos en la prensa, yo los invito a ir a la interna como fue Osvaldo Jaldo en su momento”, lanzó hace exactamente un año. Así, hizo alusión a la disputa que mantuvo en 2021 con Manzur, que se dirimió en las urnas y en la que perdió pero mantuvo un caudal de votos que le permitió sostenerse de pie para 2023. Apoyado en ese antecedente, recordó que él “nunca sacó los pies del plato”.


Esta semana, el gobernador repitió esos conceptos. Lo hizo luego de que su ex compañero de fórmula reapareciera con actividades en el interior y de que el ex legislador Fernando Juri Debo oficiara de vocero del senador en El Avispero. Allí, el ex defensor del Pueblo, que nunca mantuvo un buen diálogo con Jaldo, adelantó que en 2027 Manzur enfrentará al jaldismo por fuera de la estructura oficial. Vale recordar un antecedente: en 2021, la zona cero del conflicto entre Manzur y Jaldo fue la decisión del actual mandatario de impulsar su eyección de la Defensoría del Pueblo.


Con ese repaso, pensar en una ruptura definitiva del oficialismo un año antes de las elecciones es prematuro y hasta inocente. En particular, porque en 2027 se renuevan todos los cargos electivos provinciales más las tres bancas de senadores y cinco de diputados. Es decir, lugar para todos habrá. También, porque Jaldo se apuró en anunciar que repetirá fórmula con Miguel Acevedo y que en su proyección de poder contempla la continuidad de Rossana Chahla al frente de la Intendencia capitalina. Así, el peronismo institucionalizado no tendría motivos para generar un cisma.


¿Qué es entonces lo que grita con su silencio Manzur? El año que viene terminará su mandato como senador, al igual que Yedlin deberá dejar su escaño en Diputados. El problema es que a Jaldo le viene resultando muy trabajoso -y costoso- contar con senadores y diputados que no le responden directamente. Con Beatriz Ávila y con Sandra Mendoza, por ejemplo, cada voto requiere de un acuerdo nuevo. Para un eventual segundo mandato suyo, el gobernador apuesta a contar con legisladores nacionales propios, no prestados. Y eso no le garantizan ni Manzur ni Yedlin.


Detrás de los movimientos del ex jefe de Gabinete de Alberto Fernández asoma la necesidad de su espacio político de conservar lugares de poder en el reparto del próximo año. Y como las elecciones provinciales se adelantaron para mayo, lo que no se discuta antes de esa fecha o se resuelva en las urnas en esa convocatoria, no se corregirá ni tendrá en cuenta para las PASO de agosto (si es que hay) o las nacionales de octubre. En el manzurismo están convencidos de que el acuerdo debe sellarse antes, y comprender ambos procesos electorales.


Al menos por ahora, Jaldo y su ministro del Interior, Darío Monteros, se muestran inflexibles. En cada conversación advierten que el manzurismo no es indispensable para ganar la elección del año próximo, ya que la tracción de toda la estructura peronista en la provincia será suficiente. Sin embargo, el vicegobernador Miguel Acevedo y la intendenta Chahla consideran que la unidad del peronismo es determinante. El desarrollo del armado libertario y la aparición de terceras vías o no en la oposición serán determinantes para los esfuerzos que haga la Casa de Gobierno en busca de la unidad justicialista.


Peregrinación a suelo bonaerense

El rearmado del peronismo a nivel nacional también tiene su correlato en la interna tucumana. Porque tanto Manzur como Jaldo hicieron movimientos y sondeos con el espacio del gobernador bonaerense Axel Kicillof. Una de las ocupaciones jaldistas estuvo centrada en garantizar que el aspirante presidencial no se involucre en la contienda territorial local. El puente del jaldismo con el kicillofismo se construye por intermedio del ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis. El funcionario es un hombre clave en el armado nacional de Kicillof, e incluso suena para sucederlo en 2027.


A oídos del jaldismo llegó la versión de que Manzur había intensificado acercamientos a través de su amiga Verónica Magario, vicegobernadora de Kicillof. Hasta ahora, el único tucumano que se mostró abiertamente dentro de la incipiente construcción del ex ministro de Economía fue Yedlin. El diputado participó de algunos encuentros específicos del Movimiento Derecho al Futuro, aunque también conserva diálogo constante con Sergio Massa, otro de los interesados en reaparecer antes de 2027.


Suena lógico que, en este momento de exploración nacional, Kicillof no tome partido ni se involucre en las internas provinciales. Más aún si para erigirse como candidato del PJ debe romper antes con su histórica jefa, Cristina Fernández de Kirchner. En ese caso, necesitará de los jefes políticos del interior.  


Por lo pronto, este fin de semana los gobernadores -entre ellos Jaldo- celebraron la escandalosa salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete y el eventual ascenso del ministro del Interior, Diego Santilli. El ex referente del PRO se caracteriza por tener un buen vínculo con los mandatarios y por ser receptivo de sus planteos. “Es una persona con la que se puede acordar y cumple”, grafican. La llegada de “El Colorado” en lugar del frustrado gamer supone también la admisión del mileísmo de que el proceso electoral ya está en marcha. Y de que si pretende repetir en 2027, las negociaciones con la oposición serán más necesarias que nunca dentro del Congreso.

publicidad

Más de opinion

publicidad