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LA SEMANA POLÍTICA

Exploraciones de unidad en medio de la fragmentación política

El oficialismo peronista ensaya cohesión con la pulseada Jaldo-Manzur todavía abierta, y La Libertad Avanza acumula sus propias grietas entre Catalán y Campero, mientras el calendario electoral de 2027 empieza a presionar.

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Fernando StanichTendencia de noticias
20 jun, 2026 02:00 p. m. Actualizado: 20 jun, 2026 02:01 p. m. AR
Exploraciones de unidad en medio de la fragmentación política

Sin una dirección clara, la política tucumana ha comenzado a moverse con el apuro del calendario electoral dispuesto por el Gobierno. La nueva geografía encuentra a libertarios y a peronistas enfrascados en sus internas y en sus contradicciones, y a una tercera opción -principalmente radical- deambulando sin rumbo en busca de tierra firme. Como témpanos que se desprenden de un gran glaciar, lo que hoy ofrece Tucumán son fragmentaciones que a veces se amontonan y otras veces se repelen, según hacia donde sople el viento.


El oficialismo volvió a dar muestras esta semana de que es un iceberg agrietado. El cuarto mitin en la sede de ATSA en El Cadillal exhibió discursos diferentes, hasta contrapuestos, según quien los pronuncie. Por un lado, la intendenta de la Capital y el vicegobernador bosquejaron un mapa de necesaria unidad dentro del Partido Justicialista. Con sus modos, Rossana Chahla cuestionó a quienes fueron parte de la oposición y ahora estaban dentro del PJ, como Domingo Amaya y Enrique Romero. Ninguno de los dos tuvo más remedio que escuchar incómodos el reproche público. E incluso planteó que a pesar de los cuestionamientos que muchas veces recibe de ciertos sectores de la Casa de Gobierno, estará dentro del proyecto oficialista.


Miguel Acevedo fue más explícito y componedor. “En 2027 estará en juego mucho más que una fórmula o que un nombre; estará en juego el bienestar de la gente, ya que si La Libertad Avanza aplica en Tucumán lo que hace en la Nación, nos llevarán puesto y ya vimos que fueron contra los discapacitados, contra los jubilados y contra las universidades”, dijo. Y destacó a Osvaldo Jaldo. “Me puse a la par de él para darle institucionalidad, porque, como decía, primero está la provincia. Entonces, el PJ tiene que seducir de nuevo a la gente, reconociendo los errores y dejando de lado las diferencias”, añadió en alusión al gobernador.


Contrariamente, primero Darío Monteros; y luego el propio Jaldo, dejaron en claro que la interna sigue abierta. El ministro del Interior comparó el dialoguismo de esta gestión con las concesiones que el manzurismo dio a Mauricio Macri. Puntualmente, el dardo fue para el diputado Pablo Yedlin, quien en 2017 votó a favor de la reforma jubilatoria cambiemita con el argumento de sostener la gobernabilidad de la provincia. Al cierre, el gobernador dejó un mensaje para el sector díscolo del PJ. “No queremos más tucumanos en el Obelisco, que se encandilen con las luces de Buenos Aires; tampoco que lleguen a ocupar una banca en el Congreso y no vuelvan. Las bancas las vamos a disputar en Tucumán; el que gana se queda con ellas y el que pierde se queda y acompaña”, desafió.


Las posturas expresadas en los discursos exponen los roles -y las ubicaciones- que cada uno de los referentes peronistas tiene dentro del armado hacia 2027. Porque mientras esto sucedía en Buenos Aires volvían a mostrarse juntos Yedlin y el ex gobernador Juan Manzur. En especial, el senador ha comenzado a mostrarse activo con actividades fuera de la provincia y con recorridas por el interior. El gran problema para él radica en que, tras años de ausencia, buena parte de los dirigentes que lo seguían se sienten defraudados. De hecho, espacios como el Movimiento de Unidad Popular (MUP), claramente identificados con él, sienten la presión de las bases de no tomar partido dentro de la pulseada entre Manzur y Jaldo. Algo similar pasa con los legisladores e intendentes que antes respondían directamente al médico: pueden no comulgar o elogiar las formas de Jaldo, pero las toleran y responsabilizan directamente al senador por haberlos dejado huérfanos.


En ese oleaje, hubo una reunión que pasó desapercibida esta semana pero que sirve para interpretar las señales. Yedlin se reunió con el legislador Christian Rodríguez, uno de los parlamentarios más cercanos al vicegobernador. Si bien entre ellos hay coincidencias políticas, como por ejemplo la distancia con Jaldo, la frase que acompañó al posteo de Rodríguez no deja de ser sugestiva. “Le transmití (a Yedlin) la importancia de fortalecer la unidad del peronismo, convencido de que este es el momento de dejar de lado diferencias y construir juntos un peronismo fuerte, unido y comprometido con nuestra provincia. Invito a todos los compañeros a unirnos en este momento por Tucumán, para juntos lograr un triunfo contundente del peronismo en 2027”, planteó el referente capitalino.


El ex ministro de Salud, en cambio, fue más evasivo en su presentación de la reunión. “Con el compañero Christian Rodríguez para organizar el trabajo en la provincia. La situación social y económica a la que nos lleva el Gobierno de Milei y de Adorni es cada vez más grave. Nuestro compromiso es con Tucumán y los tucumanos que la están pasando mal”, escribió.


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Solo hay una interpretación que pueda efectuarse con esa imagen y con ambas explicaciones: que el legislador fue en representación del vicegobernador para tratar de acercar los islotes peronistas sueltos. En el justicialismo muchos consideran que el rol que le tocará a Acevedo cumplir en los próximos meses será el de nexo y garante de la unidad en el oficialismo. Primero porque proviene del manzurismo y segundo porque de esa manera se volverá más indispensable para Jaldo como compañero de fórmula.


La incógnita pasa por resolver qué están dispuestos a ceder en uno y otro espacio. El antecedente de las legislativas nacionales de 2025 enseña que por más ruido, declaración de guerra y pataleo que haya, el oficialismo prioriza el triunfo. Y eso adquiere mucho más valor cuando está en juego la casilla del medio del poder provincial. ¿Arriesgarán unos y otros lo que tienen en un puño desde hace casi 30 años? Nadie imagina que el oficialismo vaya a implosionar, menos cuando con las señales de alerta de las últimas elecciones. No obstante, por lo pronto habrá que acostumbrarse a que estos episodios de bravuconadas dentro del peronismo se repitan hasta que llegue el momento de acomodar los lugares.


Por supuesto, hay un factor que será determinante para regular los esfuerzos de esa unidad. En el peronismo están expectantes del desenlace de la interna libertaria, porque no es lo mismo un escenario de oposición mileísta atomizada que otro de abroquelamiento. Como ya se dijo en esta columna, la avanzada de Patricia Bullrich motoriza al diputado Mariano Campero. El radical con peluca desafía el liderazgo en Tucumán del zigzagueante Lisandro Catalán.


El abogado, de fugaz paso como ministro del Interior, primero cercó La Libertad Avanza y ahora lanzó una amnistía para opositores sin demasiados condicionamientos. De hecho, hasta obviando las contradicciones. El caso más claro es el del legislador José Macome. El ex macrista creó el primer bloque parlamentario libertario, pero por impulso del propio Catalán después fueron a Mesa de Entradas de la Cámara y lo desconocieron. Ahora volvió a incorporarse al partido, y justo cuando lo hizo quedó envuelto en una contradicción. Firmó en mayo el dictamen favorable del cuestionado proyecto de medidas cautelares digitales, y La Libertad Avanza -su espacio actual- salió a defenestrar esa iniciativa.


El perdón a Macome además abre otra grieta con el camperismo, pero también genera ruido con CREO, un aliado de LLA. El epicentro de la disputa es Yerba Buena, donde el espacio de Campero quiere conservar su dominio, acechado por LLA de la mano de Sebastián Murga y de Paula Omodeo, y ahora también con Macome. El tironeo local se terminará de configurar cuando llegue la orden de Buenos Aires respecto de cómo ordenarse para los comicios de 2027. La fragmentación, en este caso, es una posibilidad concreta porque hay una tercera oposición no mileísta que busca un referente. Quien no resulte favorecido por el dedo de los hermanos Milei puede ocupar ese lugar.


Por ahora, en Tucumán la política navega por corrientes dispersas. Habrá que ver si los bloques terminan amontonados en 2027, tanto en el oficialismo como en la oposición. Ya sea por elección o por subsistencia.

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