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ANÁLISIS

El regreso del senador ausente y la disputa silenciosa por el peronismo tucumano

Juan Manzur volvió a mostrarse en la provincia después de meses de bajo perfil. Su reaparición abre una discusión sobre la representación política, el liderazgo dentro del PJ y el verdadero sentido de los tiempos electorales.

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José Romero SilvaTendencia de noticias
20 jun, 2026 10:58 p. m. Actualizado: 20 jun, 2026 10:58 p. m. AR
El regreso del senador ausente y la disputa silenciosa por el peronismo tucumano

Foto: Archivo.-

La Real Academia Española define al oportunismo como la actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias que se presentan para obtener de ellas el mayor beneficio posible. La política, naturalmente, está llena de ejemplos. Y en Tucumán, la reciente reaparición pública del senador nacional Juan Manzur vuelve a poner ese concepto en discusión.


El ex gobernador, dos veces mandatario provincial, ex jefe de Gabinete nacional y actual presidente del Partido Justicialista de Tucumán decidió regresar a la escena política local después de largos períodos de bajo perfil. Lo hizo a través de una serie de reuniones partidarias, recorridas territoriales y actividades tanto en Tucumán como en provincias vecinas, entre ellas Santiago del Estero.


Su regreso, sin embargo, llega acompañado de un interrogante inevitable: ¿dónde estuvo políticamente durante estos casi tres años de mandato como senador nacional?.


La pregunta no es menor. En un contexto económico complejo, con índices de pobreza que golpean a miles de familias y una sociedad que reclama soluciones concretas, la presencia pública de un dirigente debe estar estrechamente vinculada a la capacidad de gestión y representación. En el caso de Manzur, el balance legislativo aparece como una de sus principales debilidades.


Según la actividad parlamentaria, durante el primer semestre del año no impulsó proyectos propios. Sí participó de las votaciones y de la actividad institucional propia de la Cámara Alta, pero la ausencia de iniciativas vinculadas a los problemas estructurales de la provincia resulta llamativa para alguien que ocupó durante tantos años los principales cargos ejecutivos.


El senador integra tres comisiones estratégicas: Relaciones Exteriores y Culto, Agricultura, Ganadería y Pesca, y Salud. Paradójicamente, son áreas directamente vinculadas a la matriz productiva y sanitaria de Tucumán, dos temas centrales para el futuro provincial.


La discusión sobre la productividad política tampoco puede separarse del debate sobre los recursos públicos. Un senador nacional percibe actualmente ingresos superiores a los $11 millones mensuales, en un país donde la jubilación mínima ronda los $439.000 y el salario básico docente tucumano permanece muy lejos de cubrir las necesidades esenciales de una familia (es apenas $141.820).


La brecha entre representación y resultados comienza, inevitablemente, a ocupar el centro de la escena.


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La gira política y la construcción de un espacio propio


Durante las últimas semanas, Manzur recorrió comunas de La Cocha, mantuvo reuniones con militantes, dirigentes territoriales y referentes históricos del peronismo.


También participó de un encuentro en Yerba Buena junto al diputado nacional Pablo Yedlin y el legislador Gabriel Yedlin, en una convocatoria organizada por Julio Herrera Piedrabuena. Estuvieron presentes, además, el ex ministro de la Producción Álvaro Simón Padrós, Fernando Avellaneda y el dirigente Luis Romano.


Las imágenes dejaron una lectura política evidente: Manzur está reconstruyendo vínculos, aunque por ahora parece hacerlo por fuera de la estructura oficial que hoy conduce el gobernador Osvaldo Jaldo.


La coincidencia temporal tampoco pasó inadvertida. Mientras Jaldo encabezaba encuentros políticos propios en El Cadillal, Manzur desplegaba una agenda paralela.

En cualquier otro espacio político podría interpretarse como una ruptura. En el peronismo, sin embargo, las certezas duran poco y las reconciliaciones suelen llegar cuando el calendario electoral lo demanda.


A esa reaparición se le suma una pregunta que comenzará a instalarse a medida que se acerque una de las fechas más simbólicas para Tucumán: el 9 de Julio. ¿Volverá Juan Manzur a aparecer en la Casa de Gobierno y a participar de los actos oficiales, como ocurrió en 2025?.


Aquella presencia fue breve, institucional y, según distintas fuentes políticas, estuvo precedida por conversaciones impulsadas por el vicegobernador Miguel Acevedo, quien desempeñó un papel importante para acercar posiciones y facilitar una imagen de unidad dentro del peronismo.


La escena sirvió para transmitir tranquilidad interna, aunque nunca llegó a transformarse en una reconstrucción política sostenida en el tiempo.


Ahora el contexto es diferente. Con un calendario electoral que ya asoma en el horizonte, una eventual aparición adquiere otra dimensión. Ya no se tratará solamente de una foto protocolar o de una presencia institucional. Será un mensaje político.


Porque en Tucumán las imágenes hablan. Una ubicación en el palco principal, un saludo, una ausencia o una fotografía compartida suelen tener más peso que extensos comunicados partidarios.


Estar o no estar también será una señal.


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Un peronismo con un solo conductor


La distancia política entre Jaldo y los congresales nacionales Manzur y Carlos Cisneros ya no es un secreto. El propio diputado nacional Cisneros reconoció recientemente que no mantiene diálogo con el gobernador desde enero. Algo similar ocurre, al menos públicamente, entre Jaldo y Manzur.


Lejos de escalar el conflicto, el gobernador eligió la ironía como respuesta.

"Es muy bueno que el senador Manzur camine la provincia y empiece a trabajar. Me parece muy bien. Eso suma", afirmó.


El mensaje fue mucho más profundo de lo que aparenta. En política, las palabras nunca son inocentes. Cuando un gobernador dice que un senador "empiece a trabajar", está estableciendo una jerarquía y marcando una diferencia.


Jaldo también dejó claro quién conduce hoy el peronismo tucumano: el poder territorial.


Ese concepto fue reforzado por uno de sus principales armadores políticos, el ministro del Interior, Darío Monteros, quien lanzó una frase que rápidamente se transformó en un mensaje interno: "El que se quede abajo tendrá que correr mucho para alcanzarnos".


La invitación fue cordial, pero también contundente: sumarse al espacio mayoritario o quedar relegado en la carrera hacia 2027.


Porque, en definitiva, el peronismo tucumano está discutiendo algo más profundo que nombres propios. Está definiendo quién administrará el poder en la etapa que viene.


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El partido que ya empezó a jugarse


Mientras la sociedad enfrenta problemas urgentes vinculados a la inflación, la inseguridad, la pobreza y la falta de oportunidades, la dirigencia comenzó silenciosamente su propio Mundial político.


Hay pases, negociaciones, reposicionamientos y reconstrucciones de alianzas.

El cronómetro electoral ya está en marcha, aunque todavía no haya comenzado formalmente el calendario.


Y allí aparece una discusión que gana volumen dentro del oficialismo: el futuro del Partido Justicialista de Tucumán.


Algunos dirigentes analizan mecanismos internos que permitan fortalecer la conducción partidaria alrededor de Osvaldo Jaldo, incluso revisando la permanencia de autoridades que no participan activamente de la vida institucional del espacio.

La lógica es sencilla: quien gobierna aspira también a conducir el partido. No es una novedad. Ocurrió con Julio Miranda, José Alperovich y el propio Juan Manzur. Ahora es el turno de Jaldo.


La gran incógnita será qué hará Manzur. Si aceptará integrarse a la nueva estructura de poder o si intentará construir un camino propio.


Pero quizás la pregunta más importante no sea qué hará Manzur, sino cuánto tiempo más el peronismo tucumano está dispuesto a tolerar liderazgos intermitentes. Porque una cosa es volver y otra muy distinta es permanecer.


El 9 de Julio será una primera prueba. No solamente por la foto que pueda dejar la celebración patria, sino porque funcionará como un termómetro político de cara a lo que viene.


Y así, la columna vuelve a su punto de partida. Al concepto de oportunismo.

Porque la discusión ya no pasa por la capacidad política de Juan Manzur, una figura central del peronismo tucumano durante los últimos años, sino por los tiempos que elige para aparecer.


Cuando las reapariciones coinciden con el calendario electoral y no con la agenda de los problemas cotidianos, las interpretaciones son inevitables.


Será la sociedad la que determine si este regreso responde a una vocación de reconstrucción política o a una nueva expresión del oportunismo que tantas veces caracteriza a la política argentina.

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