
El 26 de octubre de 2025, mientras el país cerraba la jornada electoral con una participación del 67,85% (uno de los niveles más bajos desde 1983) y casi 12 millones de argentinos elegían no votar, Tucumán volvió a moverse en sentido contrario. El 79,7% de sus inscriptos concurrió a las urnas, con casi 12 puntos de diferencia sobre el promedio nacional y el primer puesto entre las 24 provincias. El mismo patrón se repitió en el segmento más joven del padrón: 7 de cada 10 adolescentes tucumanos de 16 y 17 años votaron, un 72,3% que superó por 24 puntos el promedio nacional de 48,2% y ubicó a la provincia primera en el ranking del país.
Ese comportamiento no es un dato aislado de esta elección. Entre 2015 y 2019, la participación adolescente en Tucumán creció entre 11 y 14 puntos, una de las subas más altas del país, mientras otras provincias perdían hasta 8 puntos en el mismo período. En 2021 y en 2023 la provincia repitió el liderazgo.
La singularidad tucumana convive con una segunda transformación que se da en sentido inverso entre los partidos de distrito, las 31 fuerzas habilitadas para postular candidatos a diputados y senadores nacionales. Entre ellas, la afiliación cayó del 45,7% del padrón en 1998 al 28,8% actual, casi 17 puntos menos, pese a que la cantidad nominal de afiliados creció apenas 14.000 personas en casi tres décadas mientras el electorado casi se duplicaba. El Partido Justicialista concentra, dentro de ese universo de distrito, 135.486 afiliados, más de un tercio del total y el triple que su inmediato perseguidor, la Unión Cívica Radical, con 45.311.
Ese recorte no agota el mapa político tucumano. Junto a los partidos de distrito conviven los sellos provinciales, una categoría regulada por la Junta Electoral Provincial (JEP) que hoy reúne a 73 agrupaciones. Su historia reciente tiene un antecedente preciso: la reforma constitucional de 2006 habilitó el sistema de acoples para las elecciones provinciales y municipales, y ese cambio disparó una ola de afiliaciones sin precedentes. El régimen de colectoras fomentó además la creación de más de 500 partidos municipales y comunales, categorías que se eliminaron tiempo después. Lo que queda hoy de ese ciclo es una estructura provincial paralela a la de distrito, con sus propias reglas de afiliación.
Según datos de la JEP, aproximadamente hay 280.000 afiliados a las 73 expresiones vigentes. Vale una aclaración: entre los 31 de distrito suman más de 388.000 afiliados, pero muchos de estos comparten filiación con los provinciales, porque nada impide la doble afiliación. Así, calcular el número exacto depende de un entrecruzamiento de datos que no está disponible entre la Justicia Electoral Nacional y la Junta Electoral Provincial.
De todas formas, tanto los partidos de distrito como los provinciales conviven bajo una misma lógica: prácticamente no tienen vida interna, están intervenidos o sus órganos partidarios están paralizados, ajenos al debate político de otras épocas.
El escenario futuro
El cruce de esos fenómenos -una provincia que vota como ninguna otra y un sistema de partidos apagado- se proyecta sobre un universo demográfico que va a definir la próxima elección.
Según el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas de 2022, Tucumán tiene 1.731.738 habitantes. Pero el universo relevante para este análisis es más acotado: solo vota la población a partir de los 16 años, y dentro de esa franja únicamente los adolescentes de 16 y 17 lo hacen de forma optativa. El padrón real de esa franja tuvo a 44.142 adolescentes habilitados para votar en octubre de 2025. A esa cifra se suman los tramos de 18 a 24 años (208.502), de 25 a 29 (145.079) y de 30 a 34 (129.735). El resultado: 527.458 tucumanos en condiciones de votar y menores de 35 años, equivalentes a cerca del 39% de los 1.344.103 electores del último padrón provincial.
Es, en términos electorales, el bloque etario más numeroso y heterogéneo de la provincia. Sin embargo, el vínculo entre juventud y política atraviesa una tensión creciente.

Según datos de la Cámara Nacional Electoral relevados por Chequeado, el ausentismo entre los votantes de 18 a 30 años pasó del 19,9% en 2017 al 34,5% en las legislativas de 2025, su nivel más alto en la secuencia. La brecha con los adultos se ensanchó: entre los 50 y 65 años el ausentismo ronda el 20%, mientras que entre los jóvenes de 20 a 30 se acerca al 40%. La subrepresentación se repite en la afiliación partidaria: los jóvenes de 18 a 30 años son aproximadamente uno de cada cuatro electores, pero apenas el 7,2% de los afiliados a partidos políticos en todo el país.
Ese electorado, además, dejó de ser un bloque homogéneo. Una encuesta nacional de la consultora Opinaia, difundida en junio, mostró que La Libertad Avanza sigue siendo la fuerza con mayor intención de voto entre los menores de 35 años de cara a 2027, pero con matices que no existían en el balotaje de 2023. Entre los 16 y 25 años, la intención de volver a votar al oficialismo cayó al 25%, por debajo del 26% que registra la franja de 36 a 50 años; el núcleo más firme se trasladó a los votantes de 26 a 35, con 38%. Un estudio posterior de ReyesFiladoro y Enter Comunicación matizó ese diagnóstico: el 56% de los jóvenes de 18 a 35 años todavía preferiría sostener el rumbo del Gobierno, contra un 40% que optaría por cambiarlo. Pero la agenda de preocupaciones mutó: la corrupción desplazó a la inflación como principal problema para ese segmento, con el 21% de las menciones contra el 10% de la inflación, y un 26% de los jóvenes no se identifica con ningún espacio político, de los cuales el 61% evalúa negativamente la gestión de Javier Milei. La brecha de género también se profundizó: el 56% de los varones jóvenes aprueba al Gobierno, contra el 39% de las mujeres.
La pregunta es quién logra capitalizar ese desgaste. Los analistas consultados entienden que, por ahora, no lo hizo nadie debido a una realidad incontrastable: el 32% de los jóvenes argentinos viven en hogares pobres (tendencia que se repite en Tucumán). De hecho, advierten que los jóvenes no se sienten interpelados por el lenguaje ni las propuestas de las fuerzas existentes.
Según la Cámara Nacional Electoral, este desapego de la juventud representa una prioridad institucional, porque estima que el bloque de entre 16 y 29 años ya representará alrededor de la mitad del padrón nacional. En la misma línea, los casi 530.000 tucumanos menores de 35 años aparecen como un botín para nada despreciable. En particular, si se combinan tres datos: son casi cuatro de cada 10 electores de la provincia, son el segmento que más participó en la última elección y son, al mismo tiempo, el que menos afiliación partidaria registra en todo el país. El candidato que logre llegar con un mensaje seductor para esta franja de potenciales votantes, probablemente tenga una llave para resolver el acertijo electoral de 2027.