
El queso producido en Tafí del Valle alcanzó un reconocimiento clave al obtener la Indicación Geográfica (IG), tras la aprobación de la comisión nacional correspondiente. Se trata del primer lácteo argentino en lograr esta certificación, un sello que distingue alimentos cuya calidad, reputación o características están directamente vinculadas a su lugar de origen. Este avance marca un antes y un después para una producción profundamente arraigada en la identidad tucumana.
La Indicación Geográfica es una herramienta que protege el nombre de un producto frente a imitaciones y asegura que solo aquellos elaborados en una zona específica, bajo determinadas condiciones, puedan utilizar esa denominación. En otras palabras, no cualquier queso puede llamarse “Queso de Tafí del Valle”: debe cumplir con parámetros vinculados al territorio, al proceso productivo y a las prácticas tradicionales que lo definen. Esto garantiza al consumidor que lo que compra responde a un estándar auténtico.
El camino hacia este logro demandó más de 15 años de trabajo conjunto entre productores, organismos provinciales y el Estado nacional. El objetivo fue claro desde el inicio: resguardar el valor diferencial del producto, visibilizar su identidad y evitar el uso indebido del nombre en mercados donde la reputación del queso ya estaba consolidada.
Las condiciones naturales de Tafí del Valle juegan un rol central en esa identidad. A más de 1.800 metros de altura, el clima, la amplitud térmica y los pastizales influyen directamente en la calidad de la leche. Esa materia prima, resultado de un entorno particular, es la base de un queso con sabores, aromas y texturas que no pueden replicarse fuera de esa geografía.
A ese factor ambiental se suma el saber hacer de generaciones de productores. Las técnicas de elaboración, heredadas y perfeccionadas con el tiempo, mantienen viva una tradición que combina historia y adaptación. El resultado es un alimento que expresa tanto el territorio como la cultura de quienes lo producen.
El reconocimiento también proyecta al queso tafinisto hacia nuevos mercados y fortalece el desarrollo local. Además de proteger su nombre, la IG potencia su posicionamiento comercial y lo integra a un circuito de productos con identidad territorial.