
Argentina dio un paso inédito en su matriz productiva con la presentación del primer café cultivado, cosechado y procesado íntegramente en Tucumán, resultado de un trabajo conjunto entre el sector público y privado que abre nuevas perspectivas económicas. La iniciativa, impulsada por el Gobierno provincial a través del IDEP y la empresa Cabrales S.A., marca el inicio de una actividad que hasta ahora no existía a escala productiva en el país.
El desarrollo se encuentra aún en etapa experimental, pero los avances ya permiten proyectar un crecimiento sostenido. Desde el IDEP destacan que el objetivo es consolidar a Tucumán como polo cafetero nacional, en base a políticas de articulación entre productores, técnicos y empresas. En ese sentido, el vicepresidente del organismo, Juan Casañas, remarcó que se trata de “un nuevo rumbo productivo” que combina innovación con generación de empleo intensivo.
Uno de los factores clave del proyecto es el entorno natural. Las condiciones agroclimáticas del pedemonte tucumano —con clima subtropical y diversidad de microclimas— permitieron obtener un grano con identidad propia. Este café ya fue validado por la Mumac Academy, una institución internacional especializada en cultura cafetera, que avaló su calidad sensorial. El resultado es una bebida equilibrada, con aroma persistente y perfiles diferenciados según el método de preparación.

Desde el sector privado, la apuesta también es fuerte. El presidente de Cabrales, Martín Cabrales, aseguró que “el suelo argentino, con el cuidado y la técnica adecuada, puede darnos un café de excelencia”, y destacó que el proyecto coloca al país en una nueva posición dentro del mapa global. Hasta ahora, Argentina era exclusivamente importadora, pero este avance la acerca al grupo de países productores de origen.
El plan productivo contempla la expansión del cultivo en unas 9.000 hectáreas del oeste tucumano, con la participación de alrededor de 40 productores. Además, incluye capacitación técnica, transferencia de conocimiento y un sistema de trazabilidad integral para garantizar estándares internacionales. La cosecha será manual, replicando modelos exitosos como el colombiano, lo que refuerza su potencial como generador de empleo.
Otro aspecto relevante es el contexto global. El cambio climático está modificando las zonas aptas para cultivos tropicales, lo que habilita nuevas oportunidades en regiones subtropicales como el norte argentino. Según Casañas, este fenómeno permite pensar en el café como una alternativa productiva viable, apoyada además en antecedentes locales que demostraron que la planta puede adaptarse y producir en la provincia.

A futuro, el desafío será escalar la producción y consolidar un producto competitivo en el mercado premium. La estrategia comercial apunta a cafés de especialidad, con identidad regional, capaces de posicionarse tanto en el consumo interno como en exportaciones. Aunque el camino recién comienza, el proyecto ya es considerado un hito: no solo diversifica la economía tucumana, sino que redefine el rol de Argentina en la industria cafetera global.