
En un contexto donde la agroindustria azucarera enfrenta desafíos productivos, económicos y de posicionamiento social, la relación entre productores cañeros e industriales vuelve a ocupar el centro del debate. Así lo planteó Juan Carlos Mirande, secretario de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Técnicos de la Caña de Azúcar (SATCA), quien durante un encuentro técnico puso el foco en la necesidad de avanzar hacia esquemas más integrados y cooperativos.
Una de las expositoras del encuentro fue la ingeniera Claudia Calero Cifuentes, presidenta de ASOCAÑA, la asociación que representa al sector agroindustrial azucarero de Colombia. Productores cañeros e industriales conviven en ese organismo desde 1959. La experiencia generó inquietud entre los integrantes del mundo cañero local.

Un modelo integrado frente a una estructura fragmentada
Mirande caracterizó como "muy interesante" el modelo colombiano y destacó que la convivencia de productores e industriales es necesaria para el futuro de la actividad en Tucumán. “Eso permite consolidar la posición de la industria en forma mancomunada”, señaló. Además, remarcó que este tipo de estructura favorece la generación de sinergias y una mirada común sobre la sustentabilidad, entendida como un equilibrio entre lo económico, lo social y lo ambiental.
En contraste, describió que en Tucumán y en el NOA predomina una organización fragmentada, con instituciones separadas para cada sector. Por un lado, los productores cañeros nucleados en el Centro de Agricultores Cañeros de Tucumán (CACTU) y la Unión de Cañeros Independientes de Tucumán (UCIT); y por otro los industriales agrupados en el Centro Azucarero Argentino (CAA) o en el Centro Azucarero Regional de Tucumán (CART). Según explicó, esta lógica no solo limita el trabajo conjunto, sino que también debilita la capacidad del sector para posicionarse frente a otros actores.
“Hay una cultura que tiende a potenciar las diferencias más que las coincidencias”, afirmó. Para el dirigente, revertir esa dinámica es uno de los principales desafíos, ya que se trata de una cadena donde ambas partes son interdependientes. “El cañero necesita de la industria y la industria necesita del cañero”, resumió.
La maquila y los debates pendientes
Dentro de ese escenario, uno de los puntos más sensibles es el régimen de maquila, que regula la distribución del valor generado en la cadena. Si bien Mirande reconoció que se trata de un sistema con antecedentes y fundamentos, advirtió que hoy genera tensiones.
“La ley de maquila tiene méritos, pero actualmente genera mucho ruido”, sostuvo. Además, señaló que es un esquema poco habitual a nivel internacional, lo que abre la discusión sobre su vigencia o necesidad de actualización.
El dirigente explicó que uno de los principales conflictos se vincula con el reconocimiento de subproductos como el bioetanol. Remarcó que las inversiones para producir ese tipo de alcohol y gestionar sus impactos recaen en la industria, lo que complejiza la discusión. En este sentido, consideró que el debate debe darse sin posturas rígidas: “Son temas que hay que discutir en forma desapasionada, aunque la pasión a veces nos invade”.
Más allá de las diferencias, Mirande insistió en que el futuro del sector depende de la capacidad de construir acuerdos. “Más que encuentro, lo que se necesita es establecer acuerdos”, afirmó. Y concluyó con una idea que resume el desafío: poner el foco en las coincidencias para potenciar el desarrollo conjunto de la actividad.