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LA SEMANA POLÍTICA

Jaldo volvió de la Nación con señales de alerta y blindó su frente interno

Los gobernadores perciben que La Libertad Avanza perdió el control de variables económicas y, sobre todo, políticas. Los chismes de Amcham.

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Fernando StanichTendencia de noticias
18 abr, 2026 09:26 a. m. Actualizado: 19 abr, 2026 08:23 a. m. AR
Jaldo volvió de la Nación con señales de alerta y blindó su frente interno

Foto: Archivo.-

La semana política de Osvaldo Jaldo dejó algo más que fotos protocolares en despachos nacionales. Dejó, sobre todo, una impresión. Una de esas sensaciones que no se declaran en conferencia de prensa pero que ordenan decisiones hacia adelante. Y hacia abajo. El mandatario tucumano volvió de Buenos Aires con la percepción de que, detrás del discurso de control y ajuste, en la Casa Rosada empezó a filtrarse una preocupación más terrenal: el impacto real de la crisis económica y el desgaste que producen los propios errores.


El paso por el despacho de Luis Caputo fue, en ese sentido, previsible. Se habló de los números para el anticipo de la coparticipación, de los plazos de devolución y de la situación en general. Para la foto sirvió el argumento de una entrega de la copia del contrato de adjudicación para la obra del acueducto de Vipos. En Casa de Gobierno destacaron que se trata de la obra de agua potable más importante del país en la era mileísta. Una gota de agua en tiempos de sequía de proyectos de infraestructura pública.

Pero la otra reunión, la política, con Diego Santilli, dejó un registro distinto. Menos técnico y más de percepciones. Allí no se habló sólo de gestión, sino del clima que empieza a rodear al Gobierno nacional. El ex macrista ratificó su alianza con los gobernadores y dejó en claro que la administración libertaria necesita de los mandatarios para continuar con el dominio en el Congreso. 

Indudablemente, en Casa Rosada comenzaron a sentir el costo de los episodios protagonizados por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. En Buenos Aires admiten por lo bajo que los escándalos políticos, sumados al ajuste, empiezan a generar ruido en sectores que hasta hace poco acompañaban sin matices.

La incomodidad se hizo visible incluso en ámbitos donde el oficialismo suele moverse con soltura. En el encuentro de AmCham Argentina, tanto Santilli como Patricia Bullrich debieron dar explicaciones sobre ese combo de crisis económica y tensiones políticas. No fue una escena de control absoluto, sino más bien de respuestas obligadas y rostros adustos.

Algo similar ocurrió con Mario Lugones, el ministro de Salud. El también empresario del rubro fue interpelado por los recortes y demoras en el PAMI en ese mismo escenario. El tema, sensible por definición, expuso otra arista del ajuste: cuando la motosierra se acerca a los sectores más vulnerables, la discusión deja de ser técnica y las consecuencias se vuelven inevitablemente políticas.


Un dato de color de lo que fue el evento empresarial cerrado por Javier Milei. A lo largo de toda la jornada y de las exposiciones, el diálogo sobre las posibilidades de crecimiento del pais giraron en torno a la minería y a la energía. De esa matriz productiva no participa Tucumán. Al punto que, cuando a Santilli se le preguntó por provincias ricas y las que serán pobres con este modelo, el ministro del Interior esbozó una respuesta evasiva. Sin embargo, en su exposición, destacó el ejemplo de gobernadores de distritos sin minería y sin energía que buscan reconvertir sus distritos. Pero no citó a Tucumán.


Con ese telón de fondo regresó Jaldo a Tucumán. Y allí, lejos de abrir frentes, eligió cerrar filas. El final de la semana lo mostró junto a la intendenta Rossana Chahla y al vicegobernador Miguel Acevedo, en una postal cuidadosamente construida. No fue solo una agenda compartida: fue un mensaje.

Hubo entre jueves y viernes dos encuentros a solas entre Jaldo y Acevedo. Según admitieron voceros de uno y de otro, las reuniones sirvieron para afianzar una relación que tuvo un origen más pragmático que afectivo. Y que ahora necesita consolidarse como sociedad política. Con Chahla incluida en la ecuación, el acuerdo fue explícito: no mostrar fisuras, no ventilar diferencias, sostener una línea común de gestión en medio de un contexto nacional incierto.

Esa decisión tuvo su traducción discursiva en un acto de inauguración de obras para mitigar inundaciones en la capital. Allí, Jaldo y Acevedo apelaron a una metáfora que no pasó desapercibida: dijeron que comenzaron como una fórmula de compañeros, sin haberse elegido. Casi como un “matrimonio impuesto”, pero que con el tiempo lograron construir confianza o al menos una dinámica para no entorpecer la marcha del gobierno, más allá de las diferencias partidarias y políticas.

La frase, en apariencia menor, fue leída en la Legislatura como algo más que una anécdota. Para varios dirigentes, funcionó como una señal de estabilidad hacia adentro y, sobre todo, como una ratificación implícita de la unidad oficialista hacia 2027.

En un escenario donde la Nación transmite dudas y la marcha de la economía no genera confianza, los gobernadores -entre ellos Jaldo- apelan a una lógica defensiva. Cohesión interna y control de daños. La apuesta es llegar a 2027 con la menor cantidad de magullones posibles.

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