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Unterremoto de magnitud 7,7 en la escala de Richter sacudió el territorio de Panamá sembrando el pánico en varias provincias del país y sintiéndose con fuerza en regiones vecinas de Colombia y Costa Rica.
En base a datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, el movimiento telúrico ocurrió a las 12:56 del viernes, situando su epicentro a 39 kilómetros al oeste de Tonosí, en la provincia de Los Santos, con una profundidad superficial de 12,6 kilómetros. El fenómeno desencadenó una secuencia de más de quince réplicas, la más fuerte de ellas alcanzando una magnitud de 6,4.
La violencia del sismo causó severos destrozos materiales, concentrando sus mayores estragos en las provincias del centro y sur del país. En la ciudad de Penonomé, cabecera de la provincia de Coclé, las autoridades reportaron el colapso parcial del Hotel Dos Continentes, así como graves daños estructurales en el edificio de la Gobernación y en la catedral local.
Los destrozos también afectaron a las redes viales y a propiedades privadas en Mariato y Soná, donde la residencia del ex-presidente Ricardo Martinelli sufrió roturas de consideración. A pesar de la contundencia de las imágenes virales que mostraron el bamboleo de grandes obras como el Puente Centenario y el desborde de piletas en rascacielos, las estructuras de las principales torres de la capital resistieron el embate inicial.
Evacuaciones y parálisis de los servicios públicos
La emergencia obligó a activar de inmediato los protocolos de evacuación en los centros urbanos más densamente poblados de la nación. En la Ciudad de Panamá, miles de trabajadores y residentes abandonaron en forma ordenada oficinas, centros comerciales y torres residenciales para permanecer en espacios abiertos ante el temor a nuevos derrumbes.
Como medida de seguridad operacional, la empresa estatal del Metro de Panamá suspendió de manera temporal el servicio en las Líneas 1 y 2, al tiempo que el Ministerio de Educación ordenó la suspensión total de las clases a nivel nacional y el Ministerio de Seguridad dispuso el cierre de todas las dependencias públicas estatales.
El sistema de transporte aéreo y la red de agua potable también sufrieron severas alteraciones operativas durante las primeras horas de la crisis. El Aeropuerto Internacional de Tocumen debió cerrar preventivamente sus pistas, obligando a la aerolínea Copa Airlines a desviar más de una decena de vuelos internacionales hacia terminales alternativas en Cartagena y Barranquilla.
Tras una rigurosa inspección técnica que descartó daños en la torre de control y las pistas, la terminal aérea reanudó sus operaciones normales. En paralelo, el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales informó que las principales plantas potabilizadoras sufrieron cortes de energía, provocando que la planta central de la capital operara a tan solo un 20% de su capacidad habitual.