
Florencia Páez y Ángel Mansilla, padres de Adrián
Los padres de Adrián Mansilla temen que, si el asesino de su hijo queda en libertad, cobre venganza contra la familia por las dos décadas que pasó preso. El condenado, que estará abandonando el penal de Villa Urquiza en las próximas horas es Miguel "Piki" Orellana, hermano del intendente de Famaillá, Enrique, y del ex legislador José, conocidos como los "Mellizos" Orellana.
Piki secuestró y mató en 2003 a Adrián Mansilla, de 26 años, que trabajaba en su negocio en El Bajo, creyendo que el joven se había quedado con $15.000 de su comercio. Mansilla permaneció desaparecido durante dos meses hasta que, en septiembre, un miembro de la banda se quebró y le dijo a la Policía dónde estaba el cuerpo y cómo lo habían matado: Orellana lo fusiló en un descampado en Colonia 7, Famaillá. Fue condenado a perpetua junto a Marcelo “Mudo” Romano, Omar “Anaconda” Carrizo, Marcelo “Negro” García, Angel “Beto” Ibarra y Omar “Cordobés” Ceballos,
Pasó 22 años en la unidad número 1 de Villa Urquiza, donde terminó el secundario y tuvo cinco hijos. Pidió la libertad condicional en junio de este año, pero se la negaron. Apeló y este jueves, la jueza Julieta Casas se la concedió.
"Tengo miedo", dijo Florencia Páez, la madre del joven asesinado, ante la jueza Julieta Casas minutos antes de que le otorgasen la libertad. "No por mí, por mis nietos y por mi hija, que es la única que dejó con vida. Si me da un tiro a mí no me interesa, pero ¿mi hija?", cuestionó. La mujer consideró que Orellana es "una persona que no tiene condiciones para estar en la sociedad, porque es muy violento", subrayó.
"Yo poco entiendo de leyes", comenzó diciendo Ágel Mansilla, para agradecer al representante del Ministerio Público Fiscal Gonzalo García, que se opuso a la liberación de Orellana. "No lo conozco, pero me gustaría darle un abrazo, porque tomó el caso en serio".
El hombre explicó que no pudo asistir a las últimas audiencias por estar enfermo, "por eso venía ella, pobrecita, solita", agregó, en refencia a su esposa. Ambos son adultos mayores. "Me contaba llorando que el señor Orellana se puso en cámara y le pedía disculpas, como burlándose. ¿Por qué no pidió disculpas en el juicio, cuando seguía amenazándonos, se mataban de risa él y todos los imputados?", cuestionó el hombre.
Para protegerlos, la jueza dispuso que Orellana no podrá acercarse a 300 metros de ellos. Además, deberá utilizar una tobillera electrónica, fijar domicilio y conseguir trabajo en el plazo de un mes. No podrá portar armas de fuego, tomar alcohol ni consumir drogas.