
La campaña de maíz en el NOA atraviesa un cierre marcado por la cautela, luego de una temporada en la que la chicharrita volvió a instalarse como una amenaza sanitaria central. Así lo advirtió la Asociación de Productores Agrícolas del Norte (APRONOR), que junto a integrantes del comité “Salvemos al Maíz” difundió un informe en el que repasó la evolución de la plaga, el comportamiento en los lotes y las herramientas que resultaron clave para contener su impacto.
De acuerdo con el relevamiento, diciembre había mostrado un arranque relativamente tranquilo, pero el escenario cambió con fuerza durante enero y febrero. En ese período, la presión del insecto aumentó de manera marcada y dejó una realidad heterogénea en la región: mientras en algunas zonas la situación pudo sostenerse dentro de parámetros manejables, en otras se detectó una presencia elevada del vector desde estadios tempranos del cultivo, incluso a partir de V3. Ese avance obligó a reforzar las estrategias defensivas en el campo, con un promedio de dos aplicaciones químicas por lote y casos puntuales en los que se llegó hasta cuatro intervenciones.
Frente a ese contexto, APRONOR insistió en que la decisión más efectiva no pasa por aplicar productos de manera automática, sino por seguir de cerca lo que ocurre dentro de cada lote. El directivo de la entidad, Gonzalo Blasco, resumió esa postura con una definición tajante: “La principal herramienta que tiene el productor agropecuario, y la más barata de todas, es el monitoreo”. Desde la asociación remarcaron que el seguimiento debe ser sistemático, contemplar los cuatro puntos cardinales del lote y prestar especial atención a sectores más sensibles, como algunas cabeceras sur, según la zona. La advertencia apunta a evitar decisiones por rutina o por imitación entre productores, una práctica que, según plantean, puede encarecer el manejo y restarle eficacia.
El informe también deja una lectura institucional. APRONOR sostuvo que logró mantener informados a sus asociados con datos actualizados sobre la evolución de la plaga, en medio de una campaña atravesada por la incertidumbre. En ese marco, la entidad marcó además que, en algunos momentos, existió un desfasaje entre lo que se veía en los campos y los reportes emitidos por organismos técnicos del Estado. “El socio de APRONOR ha estado informado al día sobre lo que pasaba con respecto a esta plaga”, afirmó Blasco, al reivindicar el papel de la organización como canal de información técnica y representación gremial.
Con gran parte de los lotes ya en etapa reproductiva y, en muchos casos, dejando atrás la fase de mayor susceptibilidad, el sector entra ahora en una etapa de espera. La vicepresidenta de APRONOR, Macarena Ramos, describió ese momento como uno de “expectativa y ansiedad” por conocer el resultado final de la campaña. Pero, además, dejó una conclusión que la entidad considera central de cara al futuro: “A partir de ahora nos tenemos que acostumbrar a que los lotes de maíz se recorren, se monitorean y se evalúan. El dato es información de mucho poder”.
Para APRONOR, el desafío no termina con esta campaña: la experiencia acumulada será clave para construir mejores respuestas frente a una plaga cuya dinámica cambia año tras año y obliga a producir con más observación y más información.