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La ciencia tucumana llega al espacio con un experimento sobre semillas de quinoa

Un experimento internacional enviará semillas de quinoa a órbita para estudiar su resistencia a condiciones extremas del espacio. Participan científicos de Argentina, Canadá y Europa.

PorAlba Barbeito
07 mar, 2026 07:39 p. m. Actualizado: 07 mar, 2026 07:39 p. m. AR
La ciencia tucumana llega al espacio con un experimento sobre semillas de quinoa

Un proyecto científico internacional con fuerte participación argentina se prepara para llevar semillas de quinoa al espacio en una misión prevista para el segundo trimestre de 2026. La iniciativa, denominada “Q-Orbit”, combina agricultura, biotecnología y astrofísica en un experimento orbital que busca analizar cómo responden los cultivos a condiciones extremas fuera de la Tierra.


El ensayo representa la continuidad de una línea de investigación iniciada en 2019 en Canadá y cuyos resultados se publicaron en 2022. Aquellos estudios, desarrollados por la Universidad de York (Toronto) junto a la Fundación Miguel Lillo de Tucumán, evaluaron el comportamiento de semillas expuestas a irradiación energética comparable —en escalas temporales— a procesos espaciales prolongados. La nueva misión pretende dar un paso más: pasar de las simulaciones en laboratorio al entorno real de vuelo orbital.


Las semillas seleccionadas fueron provistas por el INTA San Juan y pertenecen a la variedad Morrillos de quinoa (Chenopodium quinoa Wild). Se trata de un material con identidad genética definida y características fisiológicas que lo convierten en un modelo adecuado para estudiar la resistencia biológica frente a condiciones extremas. La investigación sobre esta variedad acumula más de una década de trabajo dentro del instituto.


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Una red científica internacional


El proyecto está coordinado por la científica Pamela Such Stelzer, afiliada al SETI Institute y a la Universidad de San Pablo-T (Tucumán), quien investiga tecnologías de utilización de recursos in situ (ISRU) para la exploración espacial. Su trabajo también se enfoca en biominería y en el desarrollo de sistemas que permitan crear hábitats autosustentables en la Luna.


La iniciativa articula a equipos del INTA San Juan y Tucumán, la Fundación Miguel Lillo y la Universidad de San Pablo-T, junto con instituciones internacionales vinculadas a la Orion Space Generation Public Benefit Foundation y su plataforma de investigación en Hungría. Esta cooperación reúne especialistas en agronomía, ingeniería, biología vegetal y física espacial con el objetivo de estudiar cómo se comportan los sistemas biológicos en ambientes orbitales.


El diseño experimental contempla cuatro líneas de investigación. La primera analizará la resiliencia de las semillas tras su exposición al ambiente espacial; la segunda estudiará la interacción entre semillas y sustratos inspirados en regolitos lunares y marcianos; la tercera se enfocará en la caracterización del entorno de radiación durante la órbita; y la cuarta evaluará el desempeño de la cápsula como plataforma tecnológica para experimentos científicos.


Un laboratorio extremo para la agricultura


Para el INTA, participar en una misión orbital de este tipo tiene implicancias directas para el futuro productivo. El espacio ofrece condiciones de estrés extremo —radiación, vacío parcial y cambios térmicos— que permiten analizar la capacidad de adaptación biológica de los cultivos. Los datos obtenidos podrían aportar herramientas para enfrentar desafíos actuales del agro, como el estrés hídrico, la variabilidad climática o la degradación de suelos.


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Las instituciones tucumanas también buscan proyectar estas investigaciones hacia el desarrollo científico local. En ese marco, se impulsa la creación de un laboratorio de investigación espacial aplicada en la Universidad de San Pablo-T, donde podrían analizarse los resultados del experimento y diseñarse futuras campañas biológicas vinculadas a la exploración lunar.


Si el cronograma se cumple, durante el segundo trimestre de 2026 una cápsula experimental llevará semillas argentinas a órbita. Más allá del ensayo científico, la iniciativa apunta a abrir nuevas líneas de investigación que conecten la experiencia agrícola del país con los desafíos tecnológicos de la exploración espacial.

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