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Más de 2.000 calzoncillos de algodón fueron enterrados en distintos puntos de Suiza como parte de un experimento destinado a conocer la actividad biológica de los suelos. Lejos de tratarse de una ocurrencia aislada, la iniciativa reunió a científicos y ciudadanos alrededor de un método sencillo para observar qué sucede bajo la superficie.
El proyecto, denominado “La prueba, el calzoncillo”, fue impulsado por la Universidad de Zúrich y el instituto estatal Agroscope. Más de 1.000 voluntarios colocaron las prendas en jardines particulares, céspedes, praderas y campos agrícolas. Después de aproximadamente dos meses, las desenterraron para evaluar cuánto algodón se había descompuesto.
El principio utilizado por los investigadores es simple: el algodón es un material natural que sirve de alimento para bacterias, hongos y otros organismos presentes en la tierra. Por eso, cuantos menos restos quedan de la prenda, mayor habría sido la actividad biológica durante el período estudiado. Los agujeros y jirones funcionan así como una señal visible de procesos que normalmente ocurren sin que puedan observarse.
Los resultados variaron según el lugar. Los calzoncillos enterrados en jardines privados fueron los que perdieron una mayor cantidad de tejido. En esos terrenos también se encontraron proporciones más altas de materia orgánica, que favorecen la presencia y el trabajo de lombrices, hongos, bacterias y otros organismos del suelo.

En el extremo opuesto se ubicaron los céspedes, donde las prendas registraron el menor nivel de descomposición. Los campos y las praderas destinadas a actividades productivas presentaron valores intermedios. Las diferencias permitieron comparar de manera práctica cómo el manejo y las características de cada terreno influyen en la vida que se desarrolla debajo de él.
Eligieron calzoncillos porque son fáciles de conseguir, tienen una superficie similar y despiertan curiosidad. De ese modo lograron que muchas personas participaran y, al mismo tiempo, llamaron la atención sobre un problema serio: la pérdida y degradación de los suelos, fundamentales para producir alimentos, almacenar agua y carbono y sostener la biodiversidad.
Mirar más allá de los agujeros
Sin embargo, los científicos advirtieron que un calzoncillo muy degradado no necesariamente demuestra que el suelo esté sano o sea más fértil. Una actividad biológica intensa también puede estar relacionada con una fertilización excesiva o con un desequilibrio de nutrientes. El método proporciona una orientación general, pero no reemplaza los análisis específicos necesarios para determinar la composición y el estado de la tierra.
Además de obtener información, el experimento buscó despertar interés por un recurso fundamental para la producción de alimentos y el ambiente. Los suelos intervienen en el ciclo del agua y de los nutrientes, almacenan carbono, albergan biodiversidad y ayudan a degradar contaminantes.
Frente al avance de la erosión y la expansión de superficies cubiertas por cemento o asfalto, el curioso ensayo suizo permitió mostrar que cuidar la tierra también exige comprender la vida que permanece oculta en ella. Aunque para eso haya que sacrificar una prenda íntima.
Fuente: dw.com