
La creciente fragmentación política y la aceleración de las demandas sociales están redefiniendo el escenario de gobernabilidad en América Latina. Según un análisis de la consultora Enter Comunicación, al que accedió Tendencia de Noticias, los nuevos presidentes enfrentan cada vez menos tiempo para mostrar resultados y mayores dificultades para sostener respaldo político. En ese contexto, el informe identifica una diferencia en el caso argentino: mientras otros mandatarios de la región vieron deteriorarse rápidamente su apoyo, Javier Milei mantiene una base de respaldo vinculada, principalmente, a la percepción sobre la marcha de la economía.
El trabajo, firmado por el director de Enter Comunicación, Pablo Pérez Paladino, sostiene que en la actualidad se repite un patrón en buena parte de América Latina: "los presidentes llegan al poder con menos respaldo político que nunca y las sociedades les exigen resultados más rápido que nunca. La combinación es explosiva".
En ese sentido, el informe plantea que uno de los principales cambios respecto de décadas anteriores es la desaparición del tradicional período de gracia que solían tener las nuevas administraciones. "Durante décadas se hablaba de la 'luna de miel' de los gobiernos. Ese período inicial donde la ciudadanía otorgaba tiempo, margen y paciencia para que las nuevas administraciones pusieran en marcha sus programas de gobierno. Hoy esa luna de miel parece haber desaparecido".
Cambio en medio de tensiones
Como ejemplo de esa dinámica menciona los casos de Chile, Bolivia, Uruguay y Argentina, donde distintos presidentes llegaron al poder con la promesa de impulsar transformaciones profundas, aunque luego debieron afrontar las dificultades propias de administrar expectativas sociales cada vez más exigentes. "Todos llegaron al poder prometiendo cambios profundos. Todos heredaron problemas estructurales. Y todos descubrieron rápidamente que ganar una elección es mucho más sencillo que administrar las expectativas que genera esa victoria".
El análisis afirma que el problema central trasciende las diferencias ideológicas y responde a una transformación más profunda de los sistemas políticos.
"El problema de fondo no es ideológico. No importa demasiado si los gobiernos son de izquierda, centro o derecha. Lo que está en crisis es la capacidad de representación. Los electorados están cada vez más fragmentados. Los partidos políticos son más débiles. Los liderazgos son más personalistas. Y los gobiernos llegan al poder con apoyos electorales que muchas veces son prestados más que propios". Además, remarca que el comportamiento electoral también cambió de manera significativa. "Los ciudadanos votan cada vez más en contra de alguien que a favor de un proyecto. Y eso tiene consecuencias. La principal es que los niveles de tolerancia frente a los errores son mínimos".
El documento utiliza como ejemplos recientes las elecciones presidenciales de Perú y Colombia, donde los balotajes se resolvieron por diferencias muy estrechas. Según el informe, esa situación deja a los nuevos mandatarios con legitimidad electoral, aunque con serias dificultades para construir consensos políticos y sociales duraderos.

"En ambos casos, los balotajes se definieron por márgenes extremadamente ajustados. La mitad de la sociedad votó una cosa y la otra mitad votó exactamente lo contrario. El resultado es que los presidentes asumen con legitimidad electoral, pero con enormes dificultades para construir legitimidad política y social. Gobiernan sabiendo que prácticamente la mitad del país no los acompaña y que buena parte de quienes sí los votaron esperan resultados inmediatos".
Respecto de Argentina, el estudio sostiene que el gobierno de Javier Milei comparte varios de esos condicionantes, aunque identifica una diferencia respecto de otros países de la región.
"Milei llegó al poder con una estructura política mínima, sin gobernadores propios, con escasa representación legislativa y apoyado fundamentalmente en su liderazgo personal. Sin embargo, hay una diferencia importante. Mientras otros presidentes de la región vieron deteriorarse rápidamente sus niveles de apoyo, Milei todavía conserva una base de respaldo significativa".
Como respaldo de esa afirmación, el informe menciona la recuperación registrada por el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella.
"Esta semana el Índice de Confianza en el Gobierno registró su primera recuperación del año, creciendo un 3,9% después de seis meses consecutivos de caída. No se trata de números extraordinarios. Pero sí de una señal política relevante, especialmente después de meses donde la agenda estuvo dominada por conflictos internos, errores no forzados y cuestionamientos al oficialismo".

Para Pérez Paladino, la explicación continúa estando en la economía. El documento sostiene que, pese a los conflictos políticos, buena parte de la ciudadanía sigue evaluando la gestión nacional a partir de variables económicas.
"La explicación probablemente esté en que buena parte de la sociedad continúa evaluando al gobierno principalmente por la evolución económica. La inflación bajó significativamente respecto de los niveles heredados. El riesgo país muestra una tendencia descendente. Las inversiones en energía y minería continúan creciendo. Y aunque gran parte de esos resultados todavía no impactan plenamente en la economía cotidiana, existe una percepción de que el rumbo económico mantiene cierta coherencia".
En esa línea, agrega que "mientras la discusión política gira alrededor de escándalos, internas y disputas de poder, una parte importante de la ciudadanía sigue observando la misma variable que observó desde el primer día: la economía".
Finalmente, el análisis concluye que la debilidad institucional y la crisis de representación constituyen un fenómeno regional que obliga a los gobiernos a responder en tiempos cada vez más acotados.
"La fragilidad institucional y de representación no es un problema exclusivo de Argentina. Es un fenómeno regional. La diferencia está en cómo cada gobierno administra esa debilidad. Porque las sociedades actuales toleran cada vez menos las promesas incumplidas y los gobiernos cuentan con cada vez menos tiempo para demostrar resultados. La política latinoamericana parece haber ingresado definitivamente en la era de la impaciencia".
Como síntesis, el informe identifica tres tendencias que marcarán la evolución política de la región: el acortamiento de la denominada "luna de miel" presidencial, la profundización de la crisis de representación y el mantenimiento de la economía como el principal factor que condiciona el humor social.
"Durante años América Latina discutió cómo ganar elecciones. El desafío actual parece ser otro: cómo gobernar sociedades cada vez más fragmentadas, impacientes y desconfiadas", concluye el documento.