
Foto: Prensa Concejo Deliberante
El debate estuvo marcado por posiciones contrapuestas sobre la viabilidad del transporte público en la ciudad. Por un lado, el concejal José María Franco defendió el incremento al señalar que la nueva tarifa busca asegurar la rentabilidad básica de las empresas para evitar el colapso del sistema, argumentando que los cálculos se basaron estrictamente en la inflación acumulada, el aumento del costo del gasoil desde octubre y el impacto de las paritarias sectoriales.

En contraposición, el sector opositor cuestionó duramente la medida. El concejal Gustavo Cobos calificó al sistema como vencido y reclamó la falta de transparencia en los costos reales de las empresas, denunciando que más de la mitad de las unidades circulantes son obsoletas. En la misma línea, el concejal Federico Romano Norri advirtió que el servicio es paupérrimo y exigió auditorías profundas, mientras que el edil José María Canelada rechazó avalar un aumento ante la falta de mejoras reales en la calidad prestacional.
La sesión también reflejó una fuerte carga política. El concejal Carlos Ale describió la situación del sector como crítica pero se mostró reticente a cargar sobre el bolsillo de los vecinos en un contexto económico nacional complejo, mientras que el concejal Alfredo Terán de Zavalia confirmó el voto negativo de su bloque, Fuerza Republicana. Por otro lado, aunque con reparos sobre la calidad del servicio, el concejal Vargas Aignasse terminó acompañando la postura a favor del incremento.
La aprobación final pone punto final a una jornada marcada por las quejas de los usuarios sobre las frecuencias y el estado de los vehículos. Mientras tanto, desde diversos sectores del cuerpo deliberativo se insistió en la necesidad de modernizar el sistema y fomentar una mayor competencia para garantizar que la próxima actualización tarifaria pueda traducirse, finalmente, en un beneficio tangible para los pasajeros del servicio público.
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