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Imagen realizada con IA.-
Las dos preguntas que suelen hacer las personas no involucradas en el tema, respecto a los biocombustibles líquidos generados a partir de materias primas renovables como son la caña de azúcar, el maíz y la soja, son “por qué” son beneficiosos para Argentina y sus ciudadanos, y “qué” se debe hacer para incentivar su desarrollo.
Beneficios de la producción de biocombustibles líquidos
Desde lo conceptual y a mi juicio, la respuesta a la pregunta sobre el “por qué”, pasa, en primer lugar, por salud y ambiente: es necesario disminuir al máximo posible la extracción de gas y de petróleo desde su ubicación actual, en las entrañas de la tierra, pues estos residuos fósiles agregan a la tropósfera nuevas cantidades de sustancias que generan gases de efecto invernadero (GEI) que aceleran el cambio climático, el cual produce las nefastas consecuencias que se están registrando en los últimos años en todo el mundo.
Estudios inobjetables determinan que la llamada “huella de carbono” del bioetanol es inferior en un 70-80% a la de las naftas y, además, la mezcla mejora las propiedades del producto final, por lo que el bioetanol ha reemplazado aditivos oxigenantes de alto impacto negativo sobre la salud y el ambiente, como el tetraetilo de plomo y el MTBE, ya prohibidos, y el ETBE, todavía utilizado en algunos países de Europa.
La combustión del alcohol etílico y del biodiesel en motores a explosión interna genera gases claramente más limpios que los de la nafta y el gas oil, y su producción es renovable y por lo tanto, inagotable, a diferencia de lo que ocurre con la de gas y petróleo.
El impulso a la producción de biocombustibles ayudará a Argentina a cumplir con las Contribuciones Determinadas a nivel Nacional comprometidas en las reuniones “COP”, hasta ahora no concretadas, facilitando la afluencia de inversiones extranjeras vía bonos de carbono y bonos “verdes”, tan necesarias para el desarrollo de nuestro país, y cuyo crecimiento se encuentra hoy en pleno auge. Permitirá también compensar en parte el incremento en las emisiones de GEI, derivadas del desarrollo del proyecto Vaca Muerta.
Los beneficios esperables en otros aspectos son muy variados y de gran magnitud, tanto para el bioetanol como para el biodiesel: a los biocombustibles líquidos se los puede producir de modo descentralizado, evitando así el oligopolio y la cartelización de la oferta, típicos del petróleo, cuyos principales yacimientos se encuentran, además y en general, localizados en países social y políticamente convulsionados, lo que con gran frecuencia genera incertidumbre a nivel mundial en cuanto al aseguramiento de su disponibilidad en el tiempo y en los volúmenes y precios acordados, tema crítico en la actualidad.
El bioetanol además puede sustituir las importaciones de nafta que todavía se llevan a cabo, mejorando la balanza comercial y permitiendo así incrementos en el ingreso neto de divisas. Estimaciones serias demuestran que recién a partir de un corte del 18%, el volumen de aprovisionamiento de nafta de origen nacional comenzaría a verse afectado.
Es posible asimismo transportarlo y almacenarlo utilizando poliductos e instalaciones ya existentes, y es apto para su uso en vehículos híbridos y/o con motores “flex fuel”. Estas son grandes ventajas respecto a los “enchufables” y a los propulsados con hidrógeno.
La producción de biodiesel y bioetanol permite sostener el crecimiento y el desarrollo económico y social de vastas y populosas regiones de nuestro país, como son los casos del NOA (Jujuy, Salta y Tucumán) y el Centro (principalmente Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos). Esta es la razón por la cual se fundó recientemente la Liga de Provincias Bioenergéticas, muy activa en la gestión de promulgación de la nueva ley.
En lo que hace sólo a caña de azúcar, el complejo sucroalcoholero del Noroeste genera más de 57.000 empleos directos, articula proveedores y logística regional, y ha incrementado inversiones, superficie cultivada, producción de alcohol y exportaciones. Su estructura exige previsibilidad por el carácter plurianual de la caña, la estacionalidad de su producción, los costos de almacenamiento y el relativamente rápido deterioro de la calidad de sus productos y subproductos, a diferencia de lo que ocurre con el maíz.
El desarrollo biotecnológico de los últimos años va a permitir, previa aprobación de la CONABIA, liberar variedades comerciales que permitan ampliar en gran magnitud la superficie con caña, inclusive en otras provincias, como Chaco y Santiago del Estero.
Por otro lado, ante la caída del consumo interno de azúcar, el bioetanol se vuelve central para sostener la cadena y, en especial, el precio en el mercado doméstico del azúcar.
La nueva ley de bocombustibles líquidos
Las diferentes propuestas de redacción de la nueva ley de biocombustibles líquidos llegaron al Senado luego de un prolongado y minucioso proceso de análisis y discusión de sus artículos, realizado por cada una de las industrias, y luego discutido con las otras.
Sus ideas-fuerza y mejoras sobre la ley vigente son las siguientes:
Establece un marco estable y de largo plazo (vigencia de quince años), capaz de aportar previsibilidad a las inversiones y a la planificación productiva.
Eleva gradualmente las mezclas obligatorias de biodiésel y bioetanol, ampliando la demanda de producción nacional y el aprovechamiento de la capacidad instalada.
Para el caso del biodiesel, prevé una etapa de transición para el biodiesel, con mayor libertad de precios y comercialización, incluyendo un mercado electrónico y referencias de paridad de importación, en pos de un mercado más moderno y competitivo.
Fortalece las cadenas agroindustriales del maíz, la caña de azúcar y los aceites vegetales, con especial y positivo impacto en las economías regionales.
Agrega valor a materias primas agropecuarias producidas en el país, diversificando la matriz energética y reduciendo la exposición a combustibles fósiles y a importaciones.
Habilita la producción y uso de vehículos flex fuel, así como otras innovaciones como las mezclas voluntarias de corte superior a la nacional, el autoconsumo, la instalación de surtidores adicionales y el desarrollo de un mercado libre para combustibles sustentables de aviación (SAF) y el de programas provinciales de fomento.
En lo ambiental, favorece la sustitución parcial de combustibles fósiles por alternativas renovables, contribuyendo así a la estrategia de reducción de emisiones.
Mejora la transparencia y el control, mediante la creación de registros de operadores, la habilitación de nuevas plantas y el desarrollo de mecanismos públicos de comercialización, previendo la eventual intervención de la Autoridad de Aplicación sólo ante fallas relevantes del mercado.
En cuanto a aspectos sensibles o que generen dudas a los involucrados en la actividad, se destacan los siguientes:
o Precisión de las definiciones (sobre todo respecto a la paridad de importación), el control de posiciones dominantes (para el caso del biodiesel) y el alcance permanente de las excepciones para importar.
o El llamado “gas oil coprocesado” y su eventual desarrollo, pues se trata de un producto mixto (parte renovable, parte fósil), pero presentado como renovable.
o Se habilitan vehículos flex fuel y la participación de petroleras y grandes procesadores en los segmentos libres, sin cláusulas específicas que reglamenten su alcance.
o La Secretaría de Energía dispondría de amplias facultades, con lo cual podría modificar los porcentajes obligatorios sin ninguna restricción.
o Para el bioetanol no se garantizan volúmenes por segmento.
o Los precios serían libres y operarían mediante un mercado electrónico, con la paridad de importación como límite. La apertura sin segmentación podría aumentar la concentración, aunque para el biodiésel se fija transitoriamente un máximo del 14% por empresa o grupo.
o El bioetanol no tendría límites de participación por empresa ni restricciones expresas a asignaciones superiores a la capacidad instalada, lo que aumenta el riesgo de concentración.
o Se habilitan mezclas superiores, uso voluntario y autoconsumo en plantas autorizadas, pero para esto será clave la reglamentación de la nueva ley.
Situación actual y perspectivas a corto plazo
Mientras las discusiones dentro de cada sector fueron claramente exitosas para el caso del bioetanol (maíz por un lado, caña de azúcar por otro), no lo fueron tanto para el biodiesel, principalmente a causa del temor de las pymes (llamadas “empresas no integradas”) de ser paulatinamente absorbidas por las cuatro o cinco empresas de mayor escala (llamadas también “empresas integradas”).
En los últimos días, este conflicto entre las empresas productoras de biodiesel ha retrasado la aprobación por parte del Senado del dictamen de mayoría previamente aprobado por las Comisiones involucradas, dado que no se logró quorum para su tratamiento sobre tablas. Debido a ello, en la II Cumbre de Bioetanol, organizada por el Instituto de Promoción de Azúcar y Alcohol de Tucumán (IPAAT), los productores de bioetanol planteamos, en forma conjunta, crear una ley para este producto, por separado de la de biodiesel, pero esto no prosperó por ahora.
Existen enormes expectativas y una gran impaciencia por la urgente sanción de la nueva ley de biocombustibles líquidos, pues está comprobado que, tal como desde su nacimiento habíamos anticipado desde el sector, la ley hoy vigente se volvió obsoleta e inadecuada, al poco tiempo de ser promulgada.
La industria sucroalcoholera espera que prontamente se concreten de modo formal las prioridades de mantener el corte mínimo del 6% para caña y 6% para maíz; permitir aumentos graduales de los porcentajes a futuro, y autorizar las mezclas voluntarias superiores, el autoconsumo y la fabricación y homologación de los motores flex fuel, consolidando así para los biocombustibles políticas de largo plazo, previsibilidad jurídica y un marco federal que incentive la inversión, el incremento de la producción y el empleo, y la modificación de la matriz energética, en transición hacia un modelo más sustentable.
*El autor de esta columna es Ingeniero Agrónomo y Presidente del Centro Azucarero Regional de Tucumán - CART.