
La Comisión Europea modificó recientemente los criterios vinculados al riesgo de cambio indirecto del uso del suelo (ILUC, por sus siglas en inglés), con el argumento de reforzar los estándares ambientales aplicados a los biocombustibles. La decisión se tomó tras una revisión sobre la expansión global de los cultivos utilizados para la producción de biodiesel y encendió alertas en los principales países exportadores.
Si la medida avanza en los términos planteados, el mercado europeo podría quedar completamente cerrado para el biodiesel elaborado a partir de soja y aceite de soja provenientes de Brasil, Estados Unidos y Argentina. En ese escenario, el único insumo habilitado para ese uso sería el aceite de colza, un cultivo que se produce mayoritariamente dentro del propio bloque europeo.
Este punto alimentó el debate sobre el trasfondo real de la decisión, ya que el cambio regulatorio no solo elevaría exigencias ambientales, sino que también podría favorecer a la producción interna europea frente a competidores externos.
En diálogo con Rivadavia Agro, por Radio Rivadavia, el presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles (CARBIO), Luis Zubizarreta, cuestionó con dureza la inclusión de la soja en la nueva “lista negra” ambiental y afirmó que la medida “carece de sustento científico”.
“El argumento no se sostiene en el caso argentino”, sostuvo el dirigente, y remarcó que “en los últimos diez años, el crecimiento del área sembrada con soja en la Argentina bajó”, un dato que contradice la idea de una expansión acelerada vinculada al cambio indirecto en el uso del suelo.
El impacto económico, advirtió, podría ser severo. Según explicó Zubizarreta, el mercado europeo representa el principal destino del biodiesel argentino, por lo que una clausura total de ese canal exportador pondría en riesgo a toda la industria. “Si Argentina no tiene abierto ese mercado, la industria exportadora de biodiesel va a cerrar”, alertó.
Además, el alcance de la restricción podría extenderse más allá del biodiesel. Desde CARBIO señalaron que otros productos estratégicos del complejo sojero, como el aceite de soja y el poroto, también podrían quedar fuera del mercado europeo, profundizando el golpe sobre una de las cadenas industriales más importantes del país.