publicidad

FUERA, BICHO

Chicharrita del maíz: la plaga que cambió la forma de producir en el norte argentino

La plaga es endémica del norte argentino y, según especialistas, no podrá erradicarse. La clave pasa por sostener estrategias de manejo que mantengan las poblaciones bajas y eviten daños severos.

PorTendencia de noticias
16 feb, 2026 11:50 a. m. Actualizado: 16 feb, 2026 11:50 a. m. AR
Chicharrita del maíz: la plaga que cambió la forma de producir en el norte argentino

“Es un problema con el cual vamos a tener que convivir”. La frase pertenece a Augusto Casmuz, coordinador del Programa Granos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), y resume con crudeza una realidad que el norte argentino ya conoce demasiado bien. La chicharrita del maíz, un pequeño insecto capaz de transmitir un complejo de enfermedades devastadoras, se convirtió en los últimos años en uno de los mayores desafíos para los productores del NOA.


Aunque su presencia en la región no es nueva, las pérdidas registradas hace dos campañas marcaron un antes y un después. Lotes enteros quedaron con rendimientos nulos y, en algunos casos, la pérdida fue prácticamente total. Desde entonces, la problemática dejó de ser un tema de especialistas para transformarse en una preocupación central de todo el sector maicero.


La chicharrita es un insecto que se alimenta exclusivamente del maíz y se caracteriza por transmitir patógenos que afectan directamente el desarrollo de la planta. “La pérdida más importante no la causa el insecto en sí, sino el complejo de enfermedades que transmite”, explicó Casmuz en diálogo con Tendencia de Noticias. Se trata de una plaga monófaga, íntimamente ligada al cultivo, lo que significa que su ciclo depende del maíz y que su presencia se mantiene en las zonas donde la producción es constante.


Los primeros registros en la Argentina se remontan a la década del 90, en Tucumán, a partir de investigaciones realizadas por especialistas locales. Sin embargo, durante muchos años fue un problema controlado y acotado al norte del país, sin generar daños masivos. El escenario cambió cuando, en una combinación de factores productivos y ambientales, las poblaciones se dispararon y el impacto se volvió inédito.


Según Casmuz, el aumento sostenido de la superficie sembrada, la superposición de distintas fechas de siembra y la presencia de maíces “huachos” —plantas que crecen fuera del cultivo principal— le ofrecieron al insecto alimento durante un período más prolongado. A esto se sumaron inviernos menos crudos, con menos heladas, que redujeron el efecto natural que suele frenar su expansión. “El frío y las heladas son fundamentales para bajar las poblaciones. Cuando eso no ocurre, la chicharrita sobrevive mejor”, señaló.


La crisis dejó una lección


Tras la campaña crítica, el sector reaccionó con cambios concretos. Para el especialista de la EEAOC, la crisis dejó una lección: el maíz ya no puede manejarse como un cultivo de bajo seguimiento. “Antes se sembraba y prácticamente no se lo visitaba con frecuencia. Hoy nace el maíz y van cada dos por tres a los lotes”, relató. En paralelo, se intensificaron los monitoreos y se fortaleció una red nacional que controla la presencia del insecto y los patógenos asociados.


Uno de los cambios más importantes fue el recambio de híbridos. Casmuz explicó que la mayoría de los materiales usados en la región eran altamente sensibles a las enfermedades transmitidas por la chicharrita. Tras las pérdidas, comenzaron a incorporarse híbridos con mejor comportamiento y mayor tolerancia, una estrategia que hoy se considera clave para reducir el riesgo.


Además, se ajustaron fechas de siembra, se intentó concentrar el período de implantación del cultivo y se incorporaron alternativas químicas para controlar las poblaciones cuando se detecta su presencia. “La idea es mantener las poblaciones bajas y que el impacto sobre el cultivo sea lo menor posible”, sostuvo.


La actual campaña: ¿prueba superada?


En la campaña actual, la situación aparece más controlada, con niveles significativamente más bajos que en el año de mayor daño. Casmuz explicó que la mayoría de los lotes del NOA atraviesan etapas vegetativas avanzadas y que en los próximos 10 a 15 días ingresarán en un momento crítico de floración y desarrollo de espiga. Sin embargo, desde el punto de vista sanitario, el cultivo ya estaría superando la etapa más vulnerable frente a la plaga. “La etapa más sensible es cuando la planta está chica. A medida que se desarrolla, se vuelve más tolerante”, precisó.


De todos modos, el especialista advirtió que el riesgo nunca desaparece del todo. La presencia de chicharrita seguirá siendo una constante en ambientes tropicales y subtropicales, donde encuentra las condiciones ideales para persistir. En ese sentido, la clave no pasa por erradicarla, sino por aprender a manejarla. “La chicharrita y los patógenos siempre van a estar. Nuestra misión es convivir con el problema”, concluyó.

publicidad

Más de portalcana

publicidad