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TDN EN LA DESPEDIDA DE MESSI

La vida le saldó la deuda a Messi

OPINIÓN - Dolor y felicidad se mezclaron en el Monumental para despedir al 10, que dejó la celeste y blanca tras 21 años, rodeado de su familia y sintiendo que el mundo es un lugar más justo.

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Nicolás MartínTendencia de noticias
07 oct, 2026 10:05 p. m. Actualizado: 08 oct, 2026 07:27 a. m. AR
La vida le saldó la deuda a Messi

Se acabó la era Messi. Al menos la que tanto nos atravesó con ese manto celeste y blanco. Ese que tanto nos hizo vivir y sufrir, que nos hizo entender que la vida son momentos, buenos o malos, y que el destino no siempre es victorioso aunque siempre deja una moraleja.


Lo que se vivió el martes fue emocionante y vibrante. Sin embargo, no fue inmaculado. No ahondaré en detalles de organización ni en cuestiones de tacto que el dinero no puede comprar (y menos aún asegurarte la empatía en un momento como este). Pero a pesar de todo lo positivo y lo negativo, si hay algo que define el hecho más que el evento en sí, es que, finalmente, la vida fue justa con Messi. Esa misma vida que tantas veces le cobró de más, esta vez le saldó la deuda.


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Que se entienda esto: nunca una persona debería cargar con tanta responsabilidad como la de ser El Salvador. Cuando dejaba de "serlo" (solo para los exitistas), su cotización caía en picada y se dudaba no solo de su capacidad futbolística (un disparate) sino también de su persona. Dignas muestras de ello son el odio desmedido en Santa Fe por la Copa América 2011 o quienes alegaban que era español. Quedaron retratados, con la cara pintada, tras todo lo conseguido. Herejes que cambiaron de opinión como si fueran una moneda corriente y pusieran el otro lado del metálico. Y todos sabemos cuánto vale esa gente.


Y hablo de justicia porque, entre las cosas más poéticas de la vida, Messi se va con el cariño máximo sin haber ganado su último torneo disputado. Y eso tiene un gusto distinto: todo el contexto lo catapulta a trascender más allá de un resultado. La situación de su padre, sus 39 años que fueron sus nuevos 20, el peso de una Selección hateada todo el tiempo y la certeza de que, seguramente, ese era el final del camino, pase lo que pase. Nos regaló una de las mejores actuaciones de su vida, llena de emociones y momentos extraordinarios que, me animo a decir, están a la par de lo que disfrutamos en Qatar. Lo que alguna vez fueron silbidos, en el Monumental fue pura devoción: felicidad mezclada con un profundo dolor. Se vio una asistencia, se vio un gol, se lo vio a él, cargado de flashbacks emocionales que se repetían sin parar. Dolorido, pero a la vez contento de jugar al fútbol, junto a ese grupo de amigos, esa familia que es la Scaloneta.


Algunos dirán que fue un homenaje, otros que fue un negocio. Yo, que estuve ahí, diré que fue lo más movilizante que vi en materia deportiva. El pibito de Rosario que tuvo que irse a vivir a Barcelona, inyectándose cada día, y al que algunos le dieron la espalda por no haberse criado del todo acá o por no haber debutado en un equipo argentino: estoy seguro de que esos también estaban lagrimeando. Y en cuestiones de ego, donde Messi tiene el aval para ser un "Súper Yo", lo dejó todo de lado: el "gracias" no se le cae de la boca. En lo primero que dijo, miró al cielo y nombró a su padre. Sigue siendo ese amigo, hermano, padre, hijo y argentino que pone por delante cualquier cosa antes que su logro personal. Eso, que se lo deje a algún portugués o español de por ahí.


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Lo que más se admiró siempre de Messi fue su capacidad de resolver en cuestión de segundos: lo que a otros les costaba una vida, a él le llevaba un parpadeo. Y sin embargo, no hay manera de resolver a corto plazo el dolor que nos deja su salida de la Selección. Pero son procesos. Y es entendible. La estrella brilló más fuerte antes de apagarse. Y ojo, no se apagó: solo quiere descansar, después de tantos destellos a lo largo de 21 años. "Gracias" se queda corto y, mientras la vista se empieza a empañar, solo atinemos a decir: "Por otra noche como esta, doy mi vida". Ni una coma le cambiaría a la historia de Messi, con el dolor y la felicidad en su justa medida. Para demostrarnos que nadie regala nada, que nadie va a venir a traernos la felicidad servida y que la resiliencia es una palabra tan de moda, pero que pocos le dieron tanto valor como él. Descansá, capitán. Eso sí: nos hiciste muy felices y nos regalaste los momentos que más vamos a atesorar en la vida.

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