
La alimentación de los niños en la Argentina enfrenta un panorama crítico caracterizado por la escasez de nutrientes fundamentales y hábitos poco saludables. Según un informe del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA), al que tuvo acceso la agencia Noticias Argentinas (NA), la calidad de la dieta en la mayoría de los menores de edad se sitúa en niveles medios o bajos. El estudio, que relevó a niños de entre 4 y 9 años en ciudades como Tucumán, Rosario, Gualeguaychú y Buenos Aires, arroja que solo un 12% de la población infantil alcanza niveles óptimos de nutrición.
Uno de los datos más alarmantes proporcionados por la investigación es la alta prevalencia de la ingesta insuficiente de calcio, que afecta al 49% de los niños argentinos. El profesor Sergio Britos, director de CEPEA, señaló que este déficit convive con un patrón alimentario alarmante, donde el consumo de verduras, frutas y legumbres presenta una inadecuación cercana al 90%. Esta carencia no se explica solo por el exceso de productos ultraprocesados, sino primordialmente por la falta de alimentos protectores en los platos cotidianos.
Ante este escenario, el estudio realizó una modelización para medir el impacto de incorporar un yogur por día en la dieta infantil. Los resultados, fueron contundentes: el consumo diario de este alimento fermentado,específicamente versiones naturales y con probióticos, podría reducir hasta en un 40% la insuficiencia de calcio. Además de este mineral, el yogur aporta microorganismos que fortalecen la microbiota intestinal, fundamental para el desarrollo del sistema inmunológico en la etapa de crecimiento.
Especialistas como la licenciada Sandra Blasi y la doctora Romina Lambert coincidieron en que mejorar la nutrición infantil requiere intervenciones sostenibles y culturalmente viables. Si bien el yogur se presenta como una herramienta eficaz por su alta tasa de absorción de calcio gracias a la fermentación, los profesionales advierten que este cambio debe ser parte de un patrón alimentario saludable integral. La meta de la salud pública, según concluye el informe, debe ser cerrar las brechas nutricionales mediante alimentos cotidianos que acompañen el desarrollo físico y cognitivo de los más chicos.