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Foto: Butti Photos / TDN
Entre copas, música, luces tenues y una sucesión de platos que anticiparon el espíritu de su cocina, Cincuenta y Cuatro abrió sus puertas anoche en el Hotel Catalinas. El restaurante recupera un espacio histórico del establecimiento tucumano, pero lo hace con una propuesta renovada y una aspiración que su chef, Agustina Salazar, decidió plantear desde el comienzo: llegar a competir por una estrella Michelin.
El nombre tampoco fue elegido al azar. Cincuenta y Cuatro, o 54, remite al prefijo internacional de la Argentina y funciona como una declaración de identidad para una carta que pretende hablar del país, de Tucumán y de los productos de la región.
La inauguración reunió a empresarios, dirigentes, referentes institucionales y amigos de la casa. Entre los invitados estuvieron Mercedes Paz, Atilio Marolla, Raúl Albarracín, Pedro Santilli, Rodolfo Ocaranza, Soledad Iriarte y Juan Grande, de la Universidad de San Pablo-T, entre otros.
La música acompañó buena parte de la noche. Pablo Pacífico fue el encargado de aportar jazz y blues mientras los invitados recorrían el salón y conocían la propuesta gastronómica.

Hay también una intención de recuperar memoria. Cincuenta y Cuatro funciona dentro del Hotel Catalinas, un edificio asociado durante años a encuentros sociales, empresariales y políticos de Tucumán. El proyecto busca rescatar algo de aquel esplendor sin convertir al nuevo restaurante en una reproducción del pasado.
La ambientación combina una estética vintage con tonos verdes y dorados, lámparas sobre las mesas, iluminación tenue y detalles que remiten a ciertos restaurantes europeos. Hay mesas individuales y otras preparadas para grupos, además de sectores privados destinados a reuniones y almuerzos ejecutivos.
La cocina, en cambio, queda a la vista. Desde el salón puede observarse parte del movimiento de quienes preparan los platos, una decisión que integra la actividad gastronómica a la experiencia del lugar.
El restaurante se incorpora a la propuesta del Hotel Catalinas, actualmente gerenciado por Fernando Rentamora. El emprendimiento reúne al hotel de Jorge Rocchia Ferro y Catalina Lonac con Agustina Salazar, Esteban Latina y Ramón Rentamora.

El número 54 y una identidad argentina
Promediando la noche, Salazar tomó la palabra para contar cómo nació el proyecto. La chef recordó que el desarrollo llevó cerca de un año y explicó que la carta fue pensada alrededor de una idea que se repite en diferentes aspectos del restaurante: identidad. “Entre muchos dime y diretes, hemos logrado una carta que habla de región, de provincia, de terruños, de mi esencia, de lo que a mí me gusta mucho cocinar, comer y brindar como una experiencia completa”, explicó.
Esa búsqueda comienza incluso antes de llegar a la mesa. Salazar destacó el mural que recibe a quienes bajan del ascensor y que recrea el Parque 9 de Julio, con algunos de sus elementos característicos.
El nombre apareció durante el desarrollo del proyecto. En algún momento se evaluaron otras posibilidades, pero Salazar insistió con Cincuenta y Cuatro. “Quiero que se llame 54, porque 54 es una identidad, es un prefijo de identidad. Es +54, es la Argentina, es Tucumán, es la propuesta”, explicó ante los invitados.
La intención es que el número termine asociado al lugar y, sobre todo, a una gastronomía construida desde productos y sabores argentinos.

El sueño de una estrella Michelin
Fue entonces cuando Salazar reveló la aspiración que acompañó al proyecto desde sus primeras conversaciones con Fernando Rentamora. “Cuando le presenté el proyecto a Fer le dije: yo sueño con tener una estrella Michelin en Tucumán y quiero prepararme para eso y ver si se puede hacer”, contó.
No lo planteó como un reconocimiento asegurado sino como una meta alrededor de la cual construir la propuesta. De allí, explicó, surgió la idea de desarrollar a Cincuenta y Cuatro como un “prefijo de identidad gastronómica”.
La ambición implica además instalar una propuesta de alta gastronomía vinculada con el producto regional y nacional, con una carta de vinos seleccionada y una experiencia que comienza desde el ingreso al restaurante y continúa en cada detalle del servicio.

“La misión es seguir levantando el hotel”
Fernando Rentamora también habló ante los invitados y vinculó la apertura con una etapa de recuperación y renovación del Catalinas. “A todos nos trae muchos recuerdos. Todos los que tenemos un par de años acá, en esta provincia, hemos disfrutado del esplendor de este hotel”, señaló.
Para Rentamora, la apertura de Cincuenta y Cuatro forma parte de un proyecto más amplio. “La misión nuestra es seguir levantando el hotel, seguir dando una propuesta. Ahora estamos con una propuesta gastronómica y, la verdad, me siento orgulloso del equipo que tenemos en el hotel y del equipo que hemos formado acá con nuestro nuevo restaurante 54”, sostuvo.
Antes de finalizar, hizo referencia a una característica que pretende trasladar al servicio: “Los esperamos a todos para vivir la calidez que tenemos los tucumanos y la calidez con la que nosotros los vamos a esperar para que disfrutemos de este lugar emblemático”.
Después volvieron la música, las copas y los platos. El viejo Catalinas había sumado una nueva escena a su historia. Esta vez bajo un número, 54, que sus responsables quieren convertir en una referencia gastronómica vinculada con Tucumán. La meta de una estrella Michelin, por ahora, pertenece al terreno de las aspiraciones. Desde anoche, el restaurante comenzó el recorrido para intentar acercarse a ella.