
En una provincia donde el bagazo suele acumularse como uno de los principales subproductos de la industria azucarera, dos estudiantes de la carrera de Administración de Empresas de la Universidad Nacional de Tucumán decidieron mirar ese residuo con otros ojos. Donde muchos ven un desecho, Agustina Lazarte y Micaela Nougués encontraron la materia prima para un emprendimiento que aspira a transformar la economía circular en una oportunidad de negocios. Así nació Bagasol, una propuesta que ya logró meterse entre las semifinalistas del concurso federal EmprendeU 2026.
El proyecto plantea la fabricación de bandejas biodegradables elaboradas con bagazo de caña, un material abundante en la provincia durante la zafra. La iniciativa no solo apunta a reemplazar envases descartables de origen plástico, sino también a demostrar que es posible generar valor agregado a partir de un recurso disponible localmente. "Queremos que nuestro proyecto de negocios sea de triple impacto, es decir, que llegue al ambiente, a la sociedad, así como también a la economía", explicó Nougués durante la entrevista con Tendencia de Noticias.
La propuesta se encuentra atravesando una etapa decisiva. Tras superar la primera instancia del certamen, el equipo deberá presentar un prototipo funcional durante un bootcamp presencial. Para ello, las estudiantes ya gestionaron la obtención del bagazo y comenzaron el proceso de fabricación de las primeras bandejas, que luego serán sometidas a distintas pruebas de resistencia. Según explicaron, el objetivo es comprobar que puedan utilizarse con alimentos calientes, soportar el microondas y el freezer, además de ser reutilizables. "Este fin de semana vamos a ensuciarnos las manos y fabricar las bandejas para testearlas y ver si funcionan", contó Lazarte.

Pero detrás del producto también hubo un intenso trabajo de validación comercial. Antes de pensar en producir, las estudiantes recorrieron bares, dialogaron con potenciales clientes y visitaron ingenios azucareros, además del Instituto de Promoción del Azúcar y Alcohol de Tucumán (IPAAT), que colaboró en las gestiones para conseguir la materia prima. "Hicimos un arduo trabajo de campo para encontrar nuestro segmento y conocer a nuestros clientes. Había mucho desconocimiento, pero también muchas ganas de implementar estas bandejas", señaló Nougués.
Aunque el proyecto nació como un ejercicio académico, las expectativas ya superan ampliamente las exigencias del concurso. Las futuras licenciadas imaginan a Bagasol funcionando como una empresa radicada en Tucumán, capaz de aprovechar un recurso de la agroindustria provincial para abastecer un mercado que demanda cada vez más soluciones sustentables. "Soñamos que Bagasol sea una fábrica", resumieron durante la entrevista.
Ese sueño también incorpora una fuerte dimensión social. Las estudiantes plantean que, si el emprendimiento logra convertirse en una industria, buscarán priorizar la contratación de mujeres provenientes de sectores vulnerables, en un rubro históricamente asociado al trabajo masculino. "Queremos que nuestra empresa esté cien por ciento operada por mujeres de sectores vulnerables", expresó Lazarte, al explicar que el proyecto también pretende generar empleo e inclusión.
Incluso el nombre del emprendimiento refleja esa intención de transformar un residuo en una oportunidad. Bagasol combina la palabra "bagazo" con "sol", una referencia al nacimiento de algo nuevo. "Se me ocurrió unir bagazo con las últimas tres letras de sol para representar el comienzo de una nueva idea", explicó Nougués. En esa síntesis conviven la identidad azucarera de Tucumán, la innovación universitaria y la aspiración de que una idea nacida en las aulas pueda convertirse, algún día, en una nueva industria para la provincia.