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El presidente Javier Milei lanzó este miércoles uno de sus cuestionamientos más duros contra la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a la que calificó como una institución “inútil” y acusó de haber perdido capacidad para hacer cumplir sus propias resoluciones. En ese marco, utilizó el reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas como uno de los principales argumentos para cuestionar el funcionamiento del organismo internacional.
Durante su tercera intervención como jefe de Estado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, Milei sostuvo que el organismo se alejó de los objetivos para los que fue creado y apuntó directamente contra su estructura burocrática. “Se convirtió en una organización inútil que solo sirve para alimentar una casta de parásitos, fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bienintencionados”, lanzó el mandatario durante su exposición.
Según Milei, las instituciones internacionales encargadas de “garantizar la seguridad colectiva y los derechos humanos” fracasaron en esa tarea y, en cambio, “permitieron el caos, la violencia y el terrorismo internacional”.
El Presidente concentró buena parte de sus críticas en la actuación de Naciones Unidas frente a la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido por las Islas Malvinas. En ese punto, sostuvo que el organismo decidió ignorar el incumplimiento de sus propias resoluciones y planteó que el caso expone la distancia entre las declaraciones de los organismos multilaterales y sus efectos concretos.
“Una organización que se propuso defender la soberanía nacional de sus miembros decidió mirar para otro lado respecto a la situación de las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes”, afirmó.
A continuación, remarcó: “Malvinas es para nosotros una causa nacional y una prueba de la distancia que puede existir entre las palabras de las instituciones internacionales y la realidad sobre la que pretenden actuar”.
Milei profundizó su cuestionamiento al organismo al referirse al avance de proyectos para la explotación de hidrocarburos en el área en disputa. En particular, mencionó el proyecto Sea Lion, que prevé la extracción de petróleo en la cuenca Malvina Norte mediante licencias otorgadas por las autoridades británicas y rechazadas por la Argentina.
El mandatario recordó que Naciones Unidas instó a las partes a abstenerse de adoptar decisiones que implicaran modificaciones unilaterales mientras permaneciera abierta la disputa de soberanía.
“Cincuenta años después, la situación no ha cambiado, pero las modificaciones unilaterales continúan. Hoy, el proyecto Sea Lion avanza hacia la extracción de petróleo en la plataforma continental argentina, correspondiente a la cuenca Malvina Norte, mediante licencias británicas que la Argentina rechaza por ilegales e ilegítimas”, señaló.
Fue entonces cuando Milei utilizó la controversia para cuestionar directamente la eficacia de las decisiones adoptadas por Naciones Unidas: “¿De qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario y esa resolución queda intacta en los archivos pero impotente frente a la realidad?”.
Para el Presidente, el problema no radica en la ausencia de declaraciones o resoluciones, sino en su falta de consecuencias prácticas. “No faltan palabras y resoluciones”, sostuvo, sino mecanismos para que esas decisiones tengan efectos, porque una institución que no consigue que sus pronunciamientos incidan sobre los hechos “pierde su autoridad”.
En esa línea, cuestionó que quienes cumplen las reglas internacionales no obtengan beneficios por hacerlo mientras que, según su planteo, aquellos que las incumplen tampoco enfrentan consecuencias. “Esto plantea preguntas sobre la capacidad del organismo”, advirtió.

“No nos vamos a sentar a esperar que la ONU actúe”
En uno de los pasajes centrales de su exposición, Milei aseguró que su Gobierno no limitará la política sobre Malvinas a los planteos diplomáticos ante Naciones Unidas y afirmó que avanzará con herramientas administrativas, jurídicas y legislativas. “No nos vamos a sentar a esperar que la ONU actúe, vamos a tomar cartas en el asunto”, afirmó.
En las últimas semanas, el Gobierno nacional profundizó su estrategia frente a las actividades hidrocarburíferas vinculadas con las islas. El Poder Ejecutivo anunció procedimientos sancionatorios contra personas y empresas presuntamente involucradas en esas actividades y remitió al Congreso un proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, que propone endurecer el régimen de sanciones.
Milei contrapuso esas acciones con las políticas de administraciones anteriores. “Los gobiernos de la historia de la Argentina optaron por una defensa discursiva; nosotros, por una pacífica, práctica y efectiva”, expresó.
Pese al tono crítico hacia Naciones Unidas, Milei reafirmó que la Argentina buscará una salida pacífica a la disputa y volvió a reclamar al Reino Unido la reapertura de las negociaciones por la soberanía. “A Reino Unido le reiteramos el llamado para reanudar las negociaciones para encontrar una solución pacífica al reclamo por la soberanía y la invitación a proceder sin demora a discutir el tema”, sostuvo.
El Presidente también cuestionó la posición británica sobre el principio de libre determinación de los habitantes de las islas. Definió a los residentes como una “población implantada sobre un territorio que se encuentra en disputa” y contrapuso el criterio británico sobre Malvinas con los debates internos vinculados con Escocia, Gales e Irlanda del Norte.
“La de Malvinas no es una cuestión entre la Argentina y el Reino Unido; este organismo debería tomar nota de las resoluciones. Nosotros elegimos una defensa pacífica y efectiva”, planteó.

Fuera del capítulo dedicado a Naciones Unidas y Malvinas, Milei aprovechó su intervención para ratificar el alineamiento internacional de su Gobierno con Estados Unidos e Israel, países con los que afirmó que la Argentina mantiene “una profunda afinidad de valores y una complementariedad estratégica”.
También dedicó parte de su discurso al desarrollo de la inteligencia artificial y defendió una política orientada a evitar regulaciones preventivas. Según el Presidente, mientras otros países observan el avance de esta tecnología principalmente como una amenaza, la Argentina pretende considerarla una oportunidad para aumentar la productividad y atraer inversiones.
“Ante la IA, la Argentina se ubicará en la vanguardia de la libertad”, afirmó, al señalar que el país cuenta con minerales críticos, energía y recursos humanos para participar en esa industria. Prometió, además, un marco jurídico orientado a la competitividad y “el compromiso de no regular de manera preventiva”.
El mandatario también convocó a empresas extranjeras a invertir en el sector energético argentino, aunque trazó una línea respecto de las actividades desarrolladas en las áreas vinculadas con la disputa por Malvinas: “Vengan, inviertan, desarrollen, háganlo con nosotros. Pero no seremos indiferentes ante quienes exploten recursos de un lugar ocupado ilegalmente”.