
El tablero político tucumano se mueve hoy por la urgencia del Excel. Osvaldo Jaldo entiende que en el esquema de Javier Milei el acompañamiento se declama en los micrófonos pero se garantiza con los votos. No hay mucho margen para el romanticismo ideológico cuando las planillas de la coparticipación muestran un rojo que asusta.
Esta semana, el Senado fue el escenario de una coreografía que en la Casa de Gobierno ensayaron con precisión. Uno de los tres senadores tucumanos (Beatriz Ávila) acompañaron la reforma laboral, aunque pusieron el freno de mano en el capítulo de Ganancias. La decisión no fue un capricho. El número global del país es contundente: entre noviembre y enero la merma total para las provincias alcanzó los $533.378 millones respecto del mismo trimestre del anterior. Esa caída del 3,1% en términos reales explica por qué los gobernadores dialoguistas se plantaron ante el avance fiscal de la Casa Rosada, aunque ayudaron para la sanción de la ley.
En Tucumán, el impacto se traduce en una pérdida real de $28.710 millones en el acumulado del último trimestre analizado, con una variación negativa del 3,7%. Un agujero negro para las cuentas públicas si se tiene en cuenta que la caída mensual promedia los 8.000 millones de pesos, con picos de hasta 15.000 millones. Sin embargo, el alivio llegaría por vía postal.
Al margen de haber cedido la Nación en quitar las modificaciones en Ganancias, en la Casa de Gobierno esperan para estos días el primer radiograma. El dato que circula es que Jaldo y otros aliados recibirán compensaciones mediante Aportes del Tesoro Nacional (ATN) en cuotas, y por sumas equivalentes a la caída mensual en la coparticipación. Es el combustible necesario para que los diputados del bloque Independencia mantengan la mano alzada cuando la reforma laboral regrese al recinto. El número, además, permitiría al Gobierno de "El Comisario" retomar el ritmo de obras públicas en la provincia.
Otro gesto de ese acuerdo entre jaldismo y mileísmo se centró en la Comisión de Acuerdos del Senado. Allí, el Gobierno nacional habilitó el desembarco de la tucumana Sandra Mendoza. No es un lugar cualquiera: es la llave que dictamina los pliegos de los jueces en la Justicia Federal. La movida busca ablandar la resistencia del kirchnerismo para destrabar las vacantes en la Corte Suprema y más de 200 juzgados federales, entre los que Tucumán no está exenta. Con Mendoza y Beatriz Ávila en esa mesa, Jaldo se empodera en un área que le quita el sueño a todos los gobernadores: el nombramiento de jueces en sus territorios.
En paralelo, es probable que Jaldo reciba otra novedad de su agrado en el poder nacional. El bloque Convicción Federal, que integra Mendoza, pegaría un portazo al trabajo conjunto que mantiene con Unión por la Patria. El voto de la famaillense en contra de la reforma laboral estuvo conversado previamente con el gobernador. Como La Libertad Avanza ya tenía los números asegurados para la aprobación, no hubo necesidad de exponer a la senadora a un costo político innecesario.
Ese "cariño" nacional, sin embargo, convive con un malestar creciente por el doble juego libertario. Jaldo levantó la voz ante Diego Santilli por el "zumbido" constante de Lisandro Catalán. El ex ministro del Interior recorre la provincia y grita en contra del peronismo sin miramientos, algo que ya visiblemente inquieta al oficialismo. El reclamo de Jaldo llegó a la mesa política de Balcarce 50, donde también se escuchó al salteño Gustavo Sáenz, inquieto por el ascenso de la libertaria Emilia Orozco.
En la mesa donde mandan Karina Milei y Santiago Caputo evalúan si es conveniente "desactivar" a Catalán para no irritar a los aliados necesarios. Pero no es una cuestión de códigos, sino de cálculo electoral. En la Rosada saben que ganarle al peronismo en Tucumán, que por una cuestión de supervivencia resolvió mantener ley de acoples, es una misión casi imposible. Es mucho más factible para los libertarios enfocarse en ganar intendencias en los grandes centros urbanos. Quizá, la reciente seguidilla de críticas de los mileístas Federico Pelli y Soledad Molinuevo hacia la capitalina Rossana Chahla tenga relación con esto.
El frente interno también depara desafíos. La semana que viene comienzan las paritarias y si bien eso nunca fue un problema para Jaldo, este año tiene un condimento especial: a la crisis económica se le adosó la renovación de autoridades en algunos gremios, como SUMAR y UPCN. En este último, se activó la "maldición de los adjuntos", porque Claudia Molina decidió plantarse para enfrentar a Lucinda Espeche, una interna que podría generar ruido en las negociaciones salariales.
Mientras tanto, en la Legislatura se cocina la elección del Defensor del Pueblo. Como ya adelantó Tendencia de Noticias, el nombre puesto es el de Agustín Fernández, el hombre que supo ser el rostro del jaldismo en el Congreso durante las batallas por la Ley Bases.
Pero la transición no viene limpia. Hay preocupación por los movimientos de última hora de la gestión saliente de Eduardo "Lalo" Cobos. Se comenta que estarían por renovar unos 60 contratos que vencen ahora mismo. Un "regalo" de despedida que condiciona la gestión de Fernández antes de arrancar. Si "Tin" asume y da marcha atrás, tendrá las protestas en la puerta el primer día. Si los mantiene, se traga un sapo presupuestario y político que no estaba en sus planes.
Por ahora, la interna peronista seguirá en un impasse. Jaldo ya avisó a los suyos que después del Mundial, casi hacia mitad de año, empezará a pasar lista para ver quién es quién dentro del oficialismo y a quién responde cada dirigente. En particular, en la Capital. Las críticas del subsecretario de Gobierno municipal Alejandro Sangenis cayeron pésimo y obligaron a Chahla a reprender a su funcionario y a mantener una charla telefónica con el gobernador. Jaldo aceptó, pero tomó nota. En su libreto, la lealtad no es una opción, es una condición necesaria para sobrevivir al invierno económico que se avecina.