
Integrantes del programa UPAL.-
En medio de la emergencia por las inundaciones en el sur de Tucumán, una historia inesperada comienza a tomar forma dentro de los muros del penal de Villa Urquiza. Allí, un grupo de internos decidió transformar su realidad en una oportunidad para ayudar: fabrican muebles destinados a familias que lo perdieron todo.
La iniciativa surgió en el marco del trabajo de la fundación UPAL (Un Pase a la Libertad), que impulsa programas de reinserción social a través del deporte, la espiritualidad y la capacitación laboral. En este caso, el taller de carpintería se convirtió en el motor de una acción solidaria que ya empieza a generar impacto.
Con pallets y materiales disponibles dentro del establecimiento, los internos construyen mesas, sillas y soportes de cama, mientras que quienes participan del taller de herrería aportan estructuras metálicas para reforzar los muebles.

La propuesta no solo apunta a la ayuda concreta, sino también a consolidar un proceso de transformación personal. El proyecto es acompañado por los entrenadores Guido Niziolek, de Tucumán Rugby, y Patricio Perondi, de Lawn Tennis, quienes trabajan con los internos utilizando el rugby como herramienta formativa.
Para integrar el programa, los participantes deben cumplir condiciones estrictas: mantener buena conducta, no consumir drogas y comprometerse con un proceso que combina disciplina deportiva con valores como el respeto, el esfuerzo y la responsabilidad.

“Estamos organizando en el penal de Villa Urquiza una contribución para los inundados que se han quedado sin muebles, a partir de una iniciativa de los propios internos”, explicó Niziolek. Y agregó: “Creemos firmemente en la recuperación de las personas a través de las segundas oportunidades”.
La idea nació tras ver las imágenes de las inundaciones que golpearon localidades del sur provincial. Desde entonces, el objetivo fue claro: aportar desde adentro con lo que tienen a su alcance.
El compromiso fue más allá del trabajo en los talleres. Según relataron, varios internos también decidieron donar parte de la mercadería que reciben de sus familias, en un gesto que refleja el impacto del proceso que atraviesan.
En un contexto atravesado por la crisis, la iniciativa muestra otra cara de la realidad carcelaria: la de personas que, desde un lugar inesperado, buscan reconstruir no solo muebles, sino también vínculos con la sociedad.