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LA HISTORIA DE VERÓNICA

Perdió una hija, superó dos veces el cáncer y será voluntaria durante la visita del Papa

Verónica Peláez tiene 52 años y en los próximos días será una de las voluntarias que acompañará a los fieles durante la visita de León XIV. "Es una forma de agradecer el apoyo recibido", dice.

PorAlba Barbeito
03 nov, 2026 10:13 p. m. Actualizado: 04 nov, 2026 07:17 a. m. AR
Perdió una hija, superó dos veces el cáncer y será voluntaria durante la visita del Papa

Verónica Peláez se prepara para ayudar a otros a encontrarse con el Papa, aunque ella misma quizás no llegue a verlo. Todavía no sabe en qué lugar de Buenos Aires le tocará trabajar ni cuál será su tarea. Sí tiene decidido cómo será su actitud durante esos días. “Voy a darlo todo”, dice en diálogo con Tendencia de Noticias. Detrás de esa disposición hay una historia atravesada por pérdidas y enfermedades, pero también por las personas que la sostuvieron cuando seguir adelante se volvió difícil.


Verónica tiene 52 años, dos hijas y dos nietos. Nació en Buenos Aires y vive en Tucumán desde hace cuatro décadas. Durante mucho tiempo estuvo en San Miguel de Tucumán, hasta que una oportunidad laboral la llevó a Aguilares. Allí divide su tiempo entre un proyecto turístico personal y como funcionaria del gobierno local.


En su historia familiar hay otra hija, una de las mellizas que esperaba y que murió al nacer. Cuando recuerda aquel momento, aparece un detalle que conserva intacto: “Yo ya tenía todo, todo preparado, todo para dos”. Una de las niñas pudo crecer; la otra dejó una ausencia que sigue acompañándola. “El dolor nunca se va”, dice. Lo cuenta desde el presente, mientras explica por qué quiere ponerse al servicio de personas a las que todavía no conoce.


Después llegaron otros golpes. A los 38 años le extirparon el útero; a los 42 tuvo cáncer de mama y, hace tres años, un cáncer de tiroides por el que debieron quitarle esa glándula. A las dificultades de salud se sumaron las distancias familiares y los viajes entre ciudades. Verónica reconoce la fuerza con la que atravesó esas etapas, pero también recuerda la ayuda recibida. En su decisión de ser voluntaria hay algo de esa memoria: sabe lo que significa necesitar que alguien esté cerca.


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Lejos de convertir lo vivido y lo perdido en un enojo con Dios, encontró en su fe una manera de cambiar la perspectiva: agradecer por seguir en pie y hacer algo por los demás. Eso no borra el dolor ni vuelve sencillas las pérdidas. Le permite, en cambio, darles un lugar desde el cual continuar. "Quiero devolver un poco de la fuerza que me dieron todos aquellos que me sostuvieron”, explica. El voluntariado será una forma concreta de expresar esa gratitud.


La fe estaba en su vida desde antes. Cursó la primaria y la secundaria en el Colegio Nuestra Señora de la Merced y, de joven, participó en la Acción Católica. Después, la profesión, la crianza y los problemas de salud fueron ocupando su tiempo. También hizo otras tareas de voluntariado, cuando pudo. La visita de León XIV abrió ahora una nueva posibilidad de retomar ese impulso: “Nosotros debemos poner nuestro tiempo, nuestros dones, nuestras capacidades, todo al servicio de los demás”.


Un lugar para acompañar a otros


La visita que moviliza a Verónica comenzará el domingo 8 de noviembre, cuando León XIV llegue desde Uruguay a Aeroparque a las 16.30. El itinerario oficial contempla actividades en Buenos Aires, Córdoba y Luján hasta el miércoles 11. En la primera jornada visitará el monumento a San Martín, irá a la Casa Rosada y se reunirá con autoridades y representantes de la sociedad civil. El lunes estará en el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole, celebrará misa en el Monumento de los Españoles y tendrá encuentros en la UCA, el Palacio San Martín y la Catedral Metropolitana.


El martes 10 viajará a Córdoba, donde celebrará misa a las 10 en la explanada de la Escuela de Aviación Militar y se encontrará con la comunidad eclesial en la Catedral. Esa noche, de regreso en Buenos Aires, participará de una vigilia con jóvenes en el Monumento de los Españoles. El miércoles visitará el Complejo Penitenciario Federal de Buenos Aires y presidirá una misa en Luján antes de partir hacia Perú. Para acompañar a los peregrinos durante esas jornadas, Verónica eligió prestar servicio en la Capital Federal, donde tiene familiares y alojamiento.


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Su tarea estará vinculada con la logística y la coordinación, aunque al momento de la entrevista todavía esperaba conocer el puesto concreto. La incertidumbre le genera ansiedad, sobre todo por saber dónde estará y con qué situaciones se encontrará. “Estoy ansiosa más que nerviosa”, distingue. El propósito, sin embargo, lo tiene claro: recibir a quienes lleguen y “ayudar a que los peregrinos vivan ese encuentro con el Papa de la mejor manera posible”. Haber pedido doble turno es parte de ese compromiso.


Las claves del voluntariado


La preparación ya empezó. Verónica cuenta que realizó una formación espiritual organizada en cuatro módulos y una capacitación técnica sobre trabajo en equipo, recepción de peregrinos y cuidado de los voluntarios. De todo ese aprendizaje, destaca la atención al bienestar físico, emocional y espiritual. Trabajará en pareja con otra persona a la que aún no conoce, y ambos deberán cuidarse durante las jornadas. Esa consigna de acompañarse entre dos le da una dimensión cercana a una organización que reunirá a mucha gente.


También recibió los elementos que llevará durante el servicio: una mochila, una gorra, una remera, la credencial, una botella recargable y una tarjeta SUBE para trasladarse durante los días previstos por la organización. Entre esos objetos hay uno al que le dedica una explicación especial: un rosario. Según le informaron, una persona de la comunidad de la Virgen de Schoenstatt rezó por quien lo recibiría y luego fue bendecido.


Faltan cuatro días para que la Argentina vuelva a recibir a un Papa después de 39 años. Miles de peregrinos se preparan para viajar y participar de las celebraciones que presidirá León XIV. Verónica también está lista. Todavía no sabe si podrá verlo, pero tiene claro para qué va: acompañar a quienes lleguen, ofrecer su ayuda y devolver algo de aquella fuerza que otros le dieron cuando más la necesitó.

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