Dólar Oficial
$1.540
Dólar Blue
$1.560
Dólar Tarjeta
$2.002
Euro
€1.728,43
Real
R$292,93
Azúcar Tucumán · 50kg
$36.810
Azúcar Int. · Londres N5
US$24,707
Azúcar Int. · EEUU N11
US$423,29
Bioetanol de caña ($/L)
1.072
Bioetanol de maíz ($/L)
982.976

Cargando en sus espaldas a la Virgen.- Foto: TDN
Pasadas las cinco de la tarde, la calle 24 de Septiembre comenzó a cambiar su fisonomía. Primero se escuchaban los bombos a la distancia. Después aparecían las imágenes, las flores, los estandartes y las filas de peregrinos. Desde distintos puntos de Tucumán, los misachicos fueron llegando a la Basílica Menor de La Merced para cumplir con una tradición que cada 23 de septiembre convierte al centro de la capital en el punto final de largas horas de caminata.
Llegaron desde Esquina-El Porvenir, Quilmes, Pala Pala, Los Bulacio, Los Ponce, Los Verá, en Ranchillos; Alderetes, Carbón Pozo, Lastenia, Banda del Río Salí, Fronterita y la Capilla La Merced del ex ingenio Mercedes. Cada grupo traía su propia historia, pero todos avanzaban detrás de una imagen de la Virgen.
Rostros rojizos por el sol, la piel curtida después de varias horas de camino, lágrimas, rosarios entre las manos y la alegría de haber llegado. Algunos peregrinos llevaban remeras que identificaban a sus comunidades; otros acompañaban el paso con bombos, flautas y redoblantes. Al frente marchaba siempre la imagen que habían llevado sobre sus hombros durante kilómetros.
El misachico (expresión derivada de “misa chica”) es una tradición religiosa profundamente arraigada en el norte argentino. Una imagen de Cristo, de un santo o de la Virgen, generalmente perteneciente a una familia y heredada de generación en generación, es colocada en una urna adornada con flores, cintas y puntillas. Durante buena parte del año permanece en un altar doméstico. En fechas especiales, sale de la casa y emprende el camino hacia una iglesia o santuario.

Detrás de cada una de esas imágenes hay promesas, agradecimientos y pedidos. Se camina por la salud, para cumplir una promesa o simplemente para agradecer. En algunos casos, la tradición comenzó hace décadas y los hijos y nietos continúan haciendo el mismo recorrido que alguna vez iniciaron sus mayores.
Al ingresar a la Basílica, los peregrinos eran recibidos por el obispo auxiliar de Tucumán, Roberto Ferrari. Uno por uno se acercaban después de completar la caminata. El obispo los bendecía con agua bendita y los abrazaba para darles la
bienvenida.
Afuera, los servidores esperaban a quienes seguían llegando. Les ofrecían agua, registraban cada delegación y acercaban baldes para que los caminantes pudieran lavarse los pies después de horas de recorrido.
No todos llegaron caminando. Algunos atravesaron ríos y otros emprendieron el viaje a caballo. Estos últimos serían parte de las delegaciones que completarían su llegada cerca de la medianoche, para participar del desfile de agrupaciones tradicionalistas.

José Orlando Domínguez: una promesa que nació en Malvinas y se cumple desde hace 40 años
Entre las historias de la jornada hubo una que condensó buena parte del significado de los misachicos. José Orlando Domínguez llegó desde Carbón Pozo. Es veterano de la Guerra de Malvinas, perdió una pierna y desde hace cuatro décadas peregrina con la imagen de la Virgen para cumplir una promesa que hicieron sus padres. “Caminando nosotros ya hace 40 años”, contó al llegar. Su grupo había iniciado el recorrido a las ocho de la mañana.
La historia se remonta a 1982. Mientras Domínguez estaba en las islas, sus padres hicieron una promesa: si su hijo regresaba vivo de la guerra, sacarían en peregrinación la imagen de la Virgen que pertenecía a la familia. “Mi mamá y mi papá hicieron una promesa. Si yo volvía vivo de Malvinas, íbamos a sacarla. Y, bueno, he vuelto vivo. Algo falta, pero he vuelto vivo”, recordó, en referencia a la pierna que perdió.
Domínguez contó que la fe también lo acompañó durante la guerra. Antes de que comenzaran los combates, los soldados tenían un sacerdote que celebraba misa y rezaban. Después llegó el 1° de mayo y comenzó otra etapa para quienes estaban en las islas.
Cuatro décadas más tarde, aquella promesa familiar continúa cumpliéndose cada septiembre. La Virgen volvió a salir desde Carbón Pozo y Domínguez volvió a acompañarla hasta La Merced.

Dora Juárez: más de 250 peregrinos y una tradición que comenzó junto a su hermano
Otra de las llegadas más esperadas fue la de Dora Juárez. Partió a las tres de la tarde desde el barrio Cáritas, en Alderetes, acompañada por familiares, vecinos y una columna que este año superó las 250 personas.
Juárez lleva más de 20 años peregrinando. La tradición comenzó junto a su hermano Cacho Juárez, ya fallecido, y continuó creciendo con el paso de los años. Delante de ella caminaban sus sobrinas Silviana y Susana, hijas de quien impulsó aquellas primeras peregrinaciones desde la casa familiar. “Una emoción, una bendición. La Virgen hoy me trajo momentos muy bonitos, momentos muy gratos y una bendición enorme”, expresó Dora al completar el recorrido.
Su pedido este año volvió a estar atravesado por las dificultades que observa en los barrios. “Que nos proteja, que nos dé la bendición de ella para que el pueblo mejore, para que deje de haber tanto hambre, tanta pobreza”, señaló.
También habló de su preocupación por los niños y jóvenes alcanzados por las adicciones, una problemática que, según su percepción, afecta a edades cada vez más tempranas.
Cuando le preguntaron cuál era la batalla que debía librarse hoy, en una celebración inevitablemente ligada a la Batalla de Tucumán y a Manuel Belgrano, Juárez respondió: “La batalla para que sigamos siendo libres, la batalla para que se acabe el hambre, que se acabe la pobreza y la corrupción. Esas tres batallas tenemos que librar”.
Para ella y su familia, cada llegada tiene además una historia detrás. Sus sobrinas Susana y Silviana recuerdan con orgullo los testimonios de niños que se recuperaron de graves enfermedades y de jóvenes que comenzaron a marchar con sus bombos desde pequeños y hoy continúan acompañando a la Virgen.

Luisa y los peregrinos de Banda del Río Salí: 30 años caminando con el mismo pedido
Desde Banda del Río Salí llegó otra de las columnas. Luisa y sus vecinos habían partido a las cuatro y media desde El Palomar. También ellos cargaban una imagen propia y una tradición que ya lleva tres décadas. “Es una emoción muy linda la que se vive, linda la que sentimos”, contó al llegar. El grupo está integrado principalmente por vecinos del barrio que año tras año vuelven a realizar el mismo recorrido.
“Hace 30 años que somos peregrinos”, explicó. Según relató, primero acompañaban a otra imagen del barrio y, con el paso del tiempo, la comunidad consiguió su propia Virgen, que desde entonces llevan hasta la Basílica.
En su caso, las oraciones también estuvieron dirigidas especialmente a los jóvenes y a las familias atravesadas por las adicciones. “Mucha tristeza, mucho dolor, porque vemos cada familia que se destruye más, y siempre venimos con toda la fe del mundo”, expresó.
La tarde avanzó y los grupos siguieron apareciendo por las calles del centro. Cambiaban los barrios, los instrumentos y las imágenes. Algunos caminaban desde hacía pocas horas; otros habían partido por la mañana. Había quienes repetían el recorrido por trigésima o cuadragésima vez y quienes simplemente seguían una costumbre que conocen desde que tienen uso de razón.