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Momento en el que le colocan la histórica corona a la Virgen.- Foto: TDN
A las 13 en punto, en el interior de la Basílica Menor de La Merced, comenzó uno de los rituales que anticipan cada 24 de septiembre en Tucumán. Frente a los fieles que se acercaron al templo, la histórica imagen de Nuestra Señora de la Merced fue revestida con los atributos que condensan buena parte de la relación entre la devoción religiosa y la historia de la provincia.
La ceremonia de vestición, primera actividad oficial en vísperas del día de la Virgen, fue presidida por el padre Abel Álvarez, párroco de la Basílica. Esta vez, el rito volvió a incorporar a la comunidad como protagonista de un momento que durante años tuvo un carácter mucho más reservado.
Junto al sacerdote fueron invitados a colocar los atributos representantes de la parroquia El Santo Cristo; una mujer de 91 años que desde hace más de medio siglo camina junto a la comunidad de San José Obrero, de El Colmenar, Las Talitas; y representantes de los franciscanos en Tucumán, en el marco del Jubileo Franciscano.
La escena tuvo una fuerte carga simbólica. Uno a uno fueron colocándose sobre la imagen los elementos que la acompañarán durante las celebraciones centrales. Cada pieza tiene detrás una historia particular y algunas remiten directamente a los acontecimientos de 1812 y a la Batalla de Tucumán.
Entre ellas sobresale el bastón de mando vinculado al general Manuel Belgrano. En la Batalla de Tucumán, en 1812, Belgrano al proclamarse la victoria le entregó su bastón a la Virgen, a quien le había rezado por sus tropas antes del combate. Ese bastón hecho de mimbre fue posteriormente reemplazado por uno de marfil con empuñadura de oro enviado desde Buenos Aires. “Ella acompaña a su pueblo tucumano desde siempre, pero comienza a tener cada vez más importancia para todos nosotros desde la Batalla de Tucumán”, explicó Álvarez. El sacerdote recordó que el bastón representa precisamente aquel vínculo entre Belgrano y Nuestra Señora de la Merced.
Otro de los atributos centrales es la corona. Fue realizada para conmemorar en 1912 el centenario de la Batalla de Tucumán, a partir de una iniciativa de una comisión especial y miembros de la cofradía. Diseñada en Francia y confeccionada en Buenos Aires, posee oro amarillo, oro blanco y diamantes.

La imagen lleva además dos medallas vinculadas al Ejército y una perteneciente a la cofradía, esta última incorporada con motivo del bicentenario de la Batalla de Tucumán. A ellas se suman la banda argentina y la faja, elementos que, según explicó el párroco, expresan la condición de la Virgen como protectora de la Patria y su histórico vínculo con el Ejército Argentino.
El propio manto funciona también como una narración visual. En su parte posterior está representado el momento de la entrega del bastón de mando por Belgrano, junto con símbolos de la Nación y de Tucumán. Así, la vestición no se limita a preparar la imagen para las celebraciones: cada objeto recupera un capítulo de una tradición que atravesó generaciones.

De una ceremonia íntima a una celebración junto a los fieles
El párroco explicó que la apertura de esta ceremonia a una participación más amplia fue creciendo especialmente después de la pandemia. Hasta entonces, la preparación de la imagen se desarrollaba de una manera más íntima. Con el tiempo, la comunidad entendió que mostrar el significado de cada uno de los atributos permitía también transmitir la historia que contienen. “A los signos, hasta que no los vemos, no los dimensionamos”, reflexionó. Para Álvarez, conocer qué representa cada pieza permite comprender y profundizar una devoción profundamente arraigada entre los tucumanos. “Cada vez se está haciendo más hermoso esto de que muchos peregrinos, muchos feligreses, muchos fieles que honran a nuestra madre la Virgen se acerquen para acompañar lo que se llama la vestición de la imagen histórica”, destacó.
El sacerdote también puso palabras a las razones que llevan a miles de personas cada año hasta los pies de la Virgen. Habló de enfermedades, problemas familiares, dificultades económicas, angustias y situaciones que muchas personas sienten que no pueden afrontar solas. “Mucha gente siente dolor y la Virgen es la que nos enseña que Dios nos ama”, expresó. Y recordó uno de los pedidos contenidos en la oración a Nuestra Señora de la Merced: “Libra con tu poder maternal al mundo de las guerras”.

La ceremonia abrió así las horas más intensas de una de las celebraciones religiosas de mayor tradición en Tucumán. Tras la vestición, la imagen histórica quedó preparada con su corona, su manto, sus medallas, la banda argentina y el bastón de mando.