
La decisión judicial se fundamentó en los resultados preliminares de la necropsia realizada por el Cuerpo Médico Forense, la cual no detectó lesiones externas ni internas, descartando de forma contundente la existencia de golpes, quebraduras o cualquier tipo de maltrato físico reciente o de antigua data. Asimismo, el informe pericial desestimó las versiones iniciales que sugerían que la menor presentaba picaduras.
El trágico episodio se desencadenó el 20 de junio, cuando la menor ingresó sin vida al Hospital Regional Antonio J. Scaravelli, ubicado en Tunuyán. Según el relato brindado por la madre a las autoridades, el hallazgo ocurrió mientras la niña jugaba con sus hermanos, quienes alertaron que no respondía a sus llamados, motivo por el cual la trasladaron de urgencia al centro asistencial donde se confirmó su fallecimiento.
Pese a que la investigación se había iniciado bajo la hipótesis de maltrato familiar debido a antecedentes previos, la fiscalía determinó que, hasta el momento, no existen pruebas para responsabilizar a los padres por la muerte. No obstante, las autoridades ordenaron la realización de estudios anatomopatológicos adicionales para determinar con exactitud las causas clínicas del deceso y establecer si existían afecciones de salud preexistentes que expliquen lo ocurrido.