
El evento, que las autoridades calificaron como la última misa ricotera, concluyó formalmente a las 4:30 de este lunes por solicitud de la familia del artista, garantizando una movilización masiva que se desarrolló en paz bajo un estricto operativo de seguridad.
La magnitud del tributo fue tal que la fila de admiradores alcanzó una extensión superior a las 80 cuadras, conectando el predio de Avellaneda con el barrio porteño de Barracas mientras miles de personas llegaban desde distintos puntos de la Argentina. Aunque el cronograma inicial fijaba el inicio para las 11:00, la apertura de las puertas se adelantó a las 10:00 debido a la enorme presión de la multitud que esperaba para darle el último adiós al referente del rock nacional.
El emotivo homenaje contó con un despliegue de al menos 1.500 efectivos de seguridad coordinados por el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires. Frente a una gigantografía del músico, el féretro reposaba sobre un atril cubierto con una camiseta de la Selección argentina, convirtiéndose en la imagen central de una despedida que, tras su cierre esta madrugada, da paso a un cortejo fúnebre estrictamente privado organizado por su esposa, Virginia Mones Ruiz.
La elección del Microestadio Gatica, situado en el Parque de los Derechos del Trabajador, fue la respuesta de la gestión provincial ante la negativa del Gobierno Nacional de permitir el velatorio en sedes como el Congreso o la Casa Rosada. El gobernador Axel Kicillof reafirmó en declaraciones televisivas que la administración bonaerense puso a disposición de la familia cualquier locación necesaria para asegurar que el evento se desarrollara de la mejor manera posible para una comunidad tan amplia.
El mandatario bonaerense subrayó la complejidad de gestionar un fenómeno social de esta envergadura, destacando el trabajo conjunto en materia de seguridad para garantizar que la despedida de un ídolo popular transcurriera sin incidentes. Con la culminación de esta vigilia que marcó la historia del rock nacional, los restos de Carlos Indio Solari fueron retirados para el inicio de las ceremonias íntimas, cerrando así un capítulo de movilización popular sin precedentes en la cultura argentina.