
Durante la inauguración del 144° Período de Sesiones Ordinarias, el presidente Javier Milei profundizó su enfrentamiento con el sector industrial tradicional, marcando un punto de no retorno en su relación con las cámaras empresarias que reclaman protección estatal. El mandatario centró su discurso en la demolición de lo que denominó el “fetiche industrialista”, un esquema que, según su visión, solo sirvió para enriquecer a un círculo cerrado de empresarios “amigos del poder” y políticos corruptos a expensas del bienestar de los ciudadanos. En un contexto de máxima tensión tras sus recientes cruces con industriales por la apertura de importaciones y la quita de beneficios, Milei defendió la libertad de comercio no solo como una herramienta de eficiencia para bajar precios y mejorar salarios, sino como un imperativo moral indiscutible.
Milei fue tajante al describir el modelo económico de las últimas décadas como una trampa que estancó al país. “Desde hace casi un siglo, la Argentina está atrapada en la trampa del fetiche industrialista. Nos dijeron que la única forma de generar empleo era sostener un esquema industrial fuertemente subsidiado”, sentenció el mandatario ante la Asamblea Legislativa. Según su análisis, este sistema, amparado en lo que llamó un “nacionalismo de pacotilla”, solo produjo una “industria pequeña, cara, dependiente del subsidio y con salarios en dólares raquíticos”.

El Presidente denunció que detrás de la defensa de la industria nacional se esconde un mecanismo de robo sistemático: “No sorprende que haya personas siniestras y alguno de ellos golpistas que en nombre de la defensa de la industria nacional defiendan el proteccionismo y el control de capitales. Esto es abrazar la bandera argentina con la única intención de robar a los argentinos de bien”. Para Milei, el comercio libre es el único camino hacia el progreso, ya que “permite acceder a bienes de mayor calidad a un mejor precio”.
Complicidad
Uno de los puntos más encendidos de su discurso fue la denuncia de una alianza corrupta entre el sector privado y la dirigencia política. Milei sostuvo que “detrás de cada regulación había un privilegio o mejor dicho un curro, un tongo” y que los empresarios no podrían actuar así sin el aval de la política. “Obviamente que los empresarios prebendarios no pueden comprar privilegios que los políticos corruptos, como ustedes, no ponen a la venta. Esto es, ambos son cómplices de la corrupción y la mayor responsabilidad cae sobre los políticos”, disparó, señalando a las bancadas opositoras.
El Jefe de Estado cuestionó la legitimidad de este modelo, afirmando que “muchos políticos cuando insultaban en público a algunos de los industriales lo hacían para negociar una coima más alta, no para rechazarla”. En este sentido, planteó una pregunta directa a la sociedad: “¿Alguien quiere seguir con un modelo empobrecedor donde solo ganan los políticos corruptos y los empresarios amigos del poder a costa de los argentinos de bien?”.
Para ilustrar el impacto negativo del proteccionismo, Milei brindó ejemplos concretos de distorsiones de precios en el mercado local. “¿O acaso les parece normal pagar la tonelada de tubo de acero U$S4.000 cuando se paga 1.400?”, cuestionó, aludiendo a presuntas extorsiones para poner en jaque el mercado de cambios. También mencionó el caso de los neumáticos, donde se paga “tres o cuatro veces más caro contra la extorsión de tirar 920 trabajadores a la calle”, en clara referencia al cierre de la fábrica Fate, y el de la indumentaria: “¿Acaso les parece bien pagar una remera básica $50 cuando la importada cuesta cinco?”.

El mandatario rechazó los argumentos contra la apertura económica, calificándolos de mentiras profesionales y señalando que Argentina es, en los hechos, “el país más cerrado del mundo, por lejos para su nivel de PIB”, ocupando el puesto 178 de 179 en el ranking del Banco Mundial. “Están hablando de defender los privilegios de los cazadores del zoológico”, remató.
Finalmente, Milei elevó el debate a una dimensión ética, asegurando que su política de apertura comercial se basa en que “coartar la libertad está mal, robar está mal y la corrupción está mal”. El Presidente argumentó que restringir el comercio es una forma de violencia estatal: “Restringir el comercio es cercenar la libertad del dinero que una persona se ha ganado con el sudor de su frente, esto constituye un robo. Es más, el hecho de que sea legal no hace que sea legítimo, sino que hace al político un traidor a la patria”.
Bajo este nuevo paradigma de “la moral como política de estado”, Milei ratificó que el objetivo es que la economía argentina deje de estar al servicio de unos pocos para beneficiar a los 48 millones de ciudadanos. “Mejoran las condiciones de vida de casi 48 millones de seres humanos y solo pierden los ineficientes y los delincuentes”, concluyó, reafirmando que no habrá marcha atrás en la desregulación y la inserción de Argentina en el comercio global.