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ACTUALIDAD SANTA

San Martín fue preso de las malas decisiones y todavía le quedan 90 minutos de condena

OPINIÓN - Un banco con tres nombres, una Ciudadela que dejó de ser fortín y una chapa de candidato que nunca se la puso: el Ciruja se quedó sin Reducido y tendrá que esperar al año próximo para volver a soñar con el ascenso.

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Nicolás MartínTendencia de noticias
29 oct, 2026 05:23 p. m. Actualizado: 29 oct, 2026 05:23 p. m. AR
San Martín fue preso de las malas decisiones y todavía le quedan 90 minutos de condena

San Martín despedirá el domingo, a las 18.30 en La Ciudadela, una temporada que murió mucho antes de que sonara el último silbato. Recibirá a Colegiales en la fecha final de la Primera Nacional, pero ya sin nada que ganar ni que perder: el Reducido se le escurrió entre los dedos el 25 de octubre, cuando Deportivo Maipú le ganó 3-1 a Güemes y firmó, desde Mendoza, la sentencia matemática. Quedaron 46 puntos, un décimo puesto que sabe a nada y un balance de 11 victorias, 13 empates y 11 derrotas en 35 partidos: el retrato de un equipo que ni se hundió ni despegó, condenado a vivir a ras de suelo.


La primera clave del naufragio es que el banco fue una puerta giratoria. Andrés Yllana dirigió 16 partidos y la dirigencia cortó su ciclo en junio; Hernán De Camilo pasó como una sombra, apenas un encuentro; y Alejandro Orfila, que llegó sin pretemporada propia y con un plantel pensado para otra idea, completó 18 con seis victorias, seis empates y seis derrotas, sin hilvanar nunca dos triunfos seguidos. Tres voces para una orquesta que jamás logró afinar. Y detrás, un área de fútbol sin timón desde la salida de Facundo Pérez Castro, también en junio, cuando el mando quedó en manos de una Secretaría Técnica. Lo de Yllana fue un caso de mala praxis: lo avalaba el ascenso con Aldosivi siendo verdugo de San Martín, pero en un equipo con las mismas presiones como Colón, su temperamental frontal y belicoso lo llevaron al Sabalero a pelear al descenso. Algo no tan alejado a lo que se vio en 2026.


La segunda clave está puertas adentro: La Ciudadela dejó de ser fortín y se volvió una casa de puertas abiertas donde cualquiera sacaba algún premio. Hasta agosto, el Santo había ganado apenas cuatro de los 11 partidos que jugó como local, 17 puntos sobre 33 posibles. El estadio que durante años fue un recinto impermeable, terminó siendo un lugar de paso, donde los visitantes entraban sin golpear y salían con el botín.


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La tercera clave es la que más duele, porque no se arregla con discursos: la falta de contundencia. Las lesiones de Alan Cisnero y la rotura de ligamentos cruzados de Kevin López y Lautaro Ovando le arrancaron piezas cuando atravesaban su mejor momento, el mercado de invierno desarmó y rearmó el plantel, y el equipo necesitó varias ocasiones para convertir un gol mientras los rivales cobraban cada desatención defensiva. Así se explican los trece empates, más de un tercio del campeonato. Ninguna ventaja era garantía en el partido y lo que fue una buena solidez defensiva vista al principio de campeonato, quedó en el olvido.


Hubo un último intento de resurrección, el “operativo milagro”, pero la épica exigía lo que el equipo no podía dar: depender de sí mismo. Cayó 1-0 en Villa Crespo ante Atlanta, le ganó 3-2 a Midland y volvió a tropezar en el Centenario, y el destino quedó en manos ajenas. "Jugamos bien, merecimos otro resultado, pero no se nos da" son las palabras repetitivas en el "Día de la Marmota" que vivía Alejandro Orfila con un San Martín que nunca pudo encontrar (o tener) chapa de candidato.


Por eso el domingo será un partido difícil de vivir. No de jugar, porque en la cancha habrá once contra once, sino de atravesar: una función sin trama, sin tabla para mirar de reojo, sin cuentas para hacer en el celular. Colegiales, en cambio, llega con un lugar en el Reducido que cuidar, y lo que para el Santo es trámite para el visitante es examen. La "bala de plata" que tanto habló la dirigencia, quedó en la recámara con la pólvora mojada. De esta manera, el 1 de noviembre se acaba el año de San Martín, siendo un fracaso absoluto. Nunca estuvo a la altura. Y desde el cumplimiento de su aniversario número 117, refundar un proyecto con una dirigencia que admite tener fuerzas pero que deberá respaldar con hechos.

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