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La ansiedad, la ilusión y el deseo de ver a la Selección Argentina levantar una nueva Copa del Mundo llevan a miles de hinchas a repetir rituales que, aunque parezcan irracionales, consideran indispensables para que el equipo vuelva a ganar. Desde cambiar la tenencia de un hijo por una noche hasta encerrarse durante todo el partido en un baño o repetir ceremonias heredadas de los abuelos, las cábalas vuelven a convertirse en protagonistas en la previa de una nueva final mundialista.
Las historias son tan diversas como llamativas. José, un docente y padre separado, decidió modificar el régimen de tenencia compartida de su hijo de casi dos años para no romper la cábala familiar. El niño había visto con su madre los dos últimos partidos que terminaron con victorias de Argentina y, pese a que por calendario le correspondía pasar la final con su padre, ambos acordaron mantener la rutina. Recién una vez terminado el encuentro el pequeño volverá con él.
Otro de los casos es el de Maximiliano, instructor de personas con discapacidad visual, quien mantiene intacto un ritual heredado de su abuelo desde el Mundial de México 1986. Antes de cada partido quema hojas de laurel junto con ajo y papeles donde escribe los nombres de los defensores del equipo rival. Luego arroja las cenizas a un río mientras repite una frase que, según asegura, acompaña cada participación argentina en los mundiales desde hace casi cuatro décadas.
Las cábalas también pueden adquirir formas insólitas. Yamila, locutora, contó que durante un partido decidió ir al baño justo cuando Argentina marcó un gol. La coincidencia volvió a repetirse con las siguientes conquistas y desde entonces permanecer encerrada durante los encuentros decisivos se transformó en una obligación. Tanto fue así que, frente a Suiza e Inglaterra, fueron sus propios familiares quienes le pidieron que no abandonara el baño hasta el pitazo final.
A esas historias se suman otras costumbres repetidas por cientos de hinchas: utilizar siempre la misma ropa, no lavar la camiseta de la Selección durante todo el torneo, sentarse en el mismo lugar del sillón o evitar vestir la camiseta oficial porque "dio suerte" mirar los partidos con una remera celeste.
Para el psicólogo Alexis Alderete, especialista en ansiedad, estos comportamientos responden a un mecanismo conocido como "ilusión de control". Según explicó, el cerebro busca desesperadamente reducir la incertidumbre cuando enfrenta situaciones que no puede modificar.
"Las personas, y especialmente el cerebro, odian la incertidumbre porque la viven como una amenaza real. Si una vez alguien se encerró en el baño y Argentina hizo un gol, el cerebro establece una asociación errónea entre ambos hechos. No importa que sea irracional; prefiere aferrarse a una causalidad mágica antes que aceptar la total impotencia de ser un simple espectador", señaló.
El especialista sostuvo que las cábalas funcionan como conductas de seguridad porque disminuyen la ansiedad en el corto plazo y generan la sensación de que el entorno permanece bajo control. "Las personas buscan constantemente que todo sea predecible. Cuando un hincha logra que todo esté exactamente igual al partido anterior —la misma silla, la misma ropa, el mismo orden de los objetos— el cerebro interpreta que está en una zona segura y puede concentrarse únicamente en la tensión que genera el partido", explicó.
Alderete agregó que muchos de estos rituales también tienen una fuerte carga emocional y familiar. "Las cábalas son legados afectivos. Seguir el ritual del abuelo o del padre es una forma de mantener viva esa historia compartida. Más que intentar influir en el resultado, muchas veces representan un vínculo con la infancia, con los afectos y con la necesidad de sentirse parte de algo mucho más grande", concluyó.
A horas de una nueva final del mundo, miles de argentinos volverán a repetir exactamente los mismos gestos, las mismas rutinas y los mismos rituales. Quizá sepan que no influyen en el marcador, pero también sienten que romper una cábala, justo ahora, sería asumir un riesgo que ningún hincha está dispuesto a correr.