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Foto: Archivo.-
La Iglesia católica dio un nuevo paso en el reconocimiento de la vida y el testimonio de una argentina. El papa León XIV autorizó la promulgación del decreto que reconoce las virtudes heroicas de Margarita Bavosi, una mujer nacida en Buenos Aires que dedicó su vida al Movimiento de los Focolares y que era conocida como “Luminosa” por su carácter espontáneo y optimista. Con esta decisión, la religiosa laica consagrada adquiere oficialmente el título de venerable, una de las etapas del proceso que puede conducir a la beatificación y posterior canonización.
La resolución fue adoptada durante la audiencia que el Pontífice concedió el sábado 24 de octubre al cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos. En ese encuentro, León XIV autorizó los decretos correspondientes a seis siervos de Dios cuyas vidas fueron reconocidas por el ejercicio de las virtudes cristianas en grado heroico.
Entre ellos se encuentra Bavosi, cuya historia estuvo marcada por la búsqueda espiritual, el compromiso con la unidad y una enfermedad que afrontó durante los últimos años de su vida.
Nacida el 19 de septiembre de 1941 en Buenos Aires, Margarita creció en una familia acomodada de inmigrantes italianos. Su infancia estuvo atravesada por una pérdida dolorosa: cuando tenía apenas diez años murió su madre, un acontecimiento que marcó sus primeros años.
Con el tiempo, completó sus estudios universitarios y se graduó en Historia. Sin embargo, su vocación fue tomando otro rumbo. Según la biografía difundida por el Vaticano, sintió el deseo de colocar a Dios en el centro de su vida y encontró en el Movimiento de los Focolares el espacio para desarrollar ese compromiso.
Allí conoció personalmente a Chiara Lubich, fundadora del movimiento, de quien aprendió el denominado “carisma de la unidad”, una espiritualidad centrada en el amor evangélico, la fraternidad y la construcción de vínculos entre las personas.
Su personalidad alegre, espontánea y optimista hizo que comenzaran a llamarla “Luminosa”, un sobrenombre que terminó convirtiéndose en parte de su identidad dentro de la comunidad religiosa. En mayo de 1966 asumió la responsabilidad del Movimiento de los Focolares en Paraná, Entre Ríos. Cuatro años después, en 1970, Chiara Lubich le confió la corresponsabilidad de la Obra en España. Posteriormente, desarrolló también su misión en Montevideo, Uruguay. Su recorrido estuvo caracterizado por una intensa actividad espiritual y comunitaria, especialmente vinculada con la difusión del mensaje de unidad que promueve el movimiento. Pero en junio de 1981 comenzaron a manifestarse los primeros síntomas de una fibrosis pulmonar atípica, enfermedad que deterioró progresivamente su salud. Margarita Bavosi murió el 7 de marzo de 1985, cuando tenía apenas 43 años.
Tras su fallecimiento, Chiara Lubich recordó su manera de vivir la fe con una frase que sintetizó su testimonio: “Su vida, impregnada de amor evangélico vivido en el presente, en el momento presente, fue una rápida carrera hacia Dios”.
Ese modo de afrontar la vida, sostenido en el compromiso religioso y en la fidelidad a sus convicciones, fue uno de los aspectos centrales de su trayectoria espiritual.
Con el reconocimiento de sus virtudes heroicas, Margarita Bavosi pasa a ser considerada venerable por la Iglesia católica. Esto significa que el Vaticano reconoce oficialmente que vivió las virtudes cristianas de manera extraordinaria, aunque todavía no implica su beatificación ni su canonización.
Para avanzar hacia la beatificación de una persona no mártir, normalmente se requiere el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión. Un segundo milagro, ocurrido después de la beatificación, suele ser necesario para la canonización.
La decisión de León XIV coloca así a la argentina en una nueva etapa de su causa, que continuará bajo la evaluación de las autoridades eclesiásticas.
Los otros cinco nuevos venerables reconocidos por el Papa
Además de Margarita Bavosi, el Vaticano anunció el reconocimiento de las virtudes heroicas de otros cinco siervos de Dios que desarrollaron sus misiones religiosas en distintos países.
Uno de ellos es Friedrich Kaiser Depel, nacido en Alemania en 1903, quien dedicó buena parte de su vida a la evangelización en Perú. Fue el primer prelado territorial de Caravelí y fundador de las Hermanas Misioneras de Jesús Verbo y Víctima. Durante su ministerio promovió la difusión de las Sagradas Escrituras y participó en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II. Por su trabajo pastoral llegó a ser considerado “el iniciador de la Biblia en Perú”. Murió en Lima en 1993.
También fue reconocido Oreste Marengo, obispo salesiano italiano que desarrolló su actividad misionera en la India. Llegó a ese país en 1923 y dedicó décadas a la formación de comunidades cristianas, la promoción de vocaciones sacerdotales y la asistencia a personas desplazadas por los conflictos regionales. Fue obispo de Dibrugarh y Tezpur, además de administrador apostólico de Tura. Falleció en 1998.
La lista incluye a Domenico Pogliani, sacerdote italiano nacido en Milán en 1838, cuya labor estuvo especialmente orientada a las personas más necesitadas. Durante su ministerio impulsó instituciones educativas y asistenciales, entre ellas un centro que llegó a recibir a cientos de personas y contaba con espacios destinados a jóvenes con discapacidad intelectual. Murió en 1921.
Otro de los nuevos venerables es Alessandro Vitetti, sacerdote de la diócesis italiana de Rossano-Cariati, quien se destacó por su acompañamiento espiritual y su atención a los sectores vulnerables durante la Segunda Guerra Mundial. En los últimos años de su vida, la diabetes lo dejó ciego e inmóvil. Su fe quedó reflejada en una expresión que el Vaticano recordó al presentar su biografía: “No veo, no siento, pero creo”. Falleció en 1995.
Finalmente, León XIV reconoció las virtudes heroicas de Daniele de San Giovanni Rotondo, fraile capuchino italiano e hijo espiritual de san Pío de Pietrelcina, conocido popularmente como el Padre Pío. Durante los bombardeos de 1943 asistió a heridos y colaboró en el entierro de las víctimas. A pesar de las enfermedades que padeció, continuó promoviendo grupos de oración en Italia y otros países. Murió en 1994.
Los seis nuevos venerables representan distintas épocas, países y formas de vivir la fe, desde la vida sacerdotal y misionera hasta el compromiso de los laicos.
En el caso de Margarita Bavosi, el reconocimiento adquiere una relevancia especial para la Iglesia argentina. Su historia, marcada por la espiritualidad de la unidad y una vida que concluyó prematuramente, vuelve a cobrar protagonismo más de cuatro décadas después de su muerte.
La decisión del papa León XIV no significa que ya haya sido declarada santa, pero constituye un avance fundamental en ese camino. Desde ahora, el nombre de “Luminosa” se incorpora oficialmente al grupo de venerables de la Iglesia católica, manteniendo viva la memoria de una argentina que hizo de su fe y del servicio a los demás el centro de su vida.