
La leptospirosis, una zoonosis bacteriana transmitida principalmente por el contacto con orina de animales infectados, presenta una distribución geográfica preocupante según el último relevamiento nacional. Los roedores se mantienen como los principales reservorios del virus, mientras que los perros actúan como animales centinelas, cuya presencia y estado de salud advierten sobre el riesgo inminente para la población humana en áreas urbanas deficientes o zonas rurales. En Argentina, los escenarios de mayor peligro suelen darse tras eventos de inundaciones o por falta de saneamiento ambiental.
El análisis estadístico realizado entre la semana epidemiológica 01 y la 15 del presente año arroja una tasa de incidencia de 0,23 casos cada 100.000 habitantes, lo que implica una suba del 28% respecto al año pasado. Este crecimiento es impulsado mayormente por las regiones NEA y Centro, las cuales exhiben aumentos del 89% y 31% respectivamente, consolidándose como las zonas más afectadas a nivel nacional.
En el desglose demográfico, se observa que el 78% de los afectados son varones, con una mediana de edad situada en los 38 años. El grupo etario comprendido entre los 20 y 49 años concentra el 67% del total, una tendencia que, según los especialistas, refleja una alta exposición vinculada a entornos laborales y condiciones ambientales de riesgo que requieren estrategias de prevención específicas enfocadas en estos perfiles ocupacionales y demográficos.
Respecto a la situación en animales de compañía, se registraron 32 casos de leptospirosis canina, una cifra que marca un descenso del 27% frente al mismo periodo de 2025. La región Centro continúa siendo la zona con mayor carga de enfermedad, registrando 86 casos en total, con Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos como las provincias con mayores números absolutos, mientras que el resto de las regiones, incluyendo el Noreste, Sur y Cuyo, presentan incidencias menores pero bajo monitoreo constante.