
Tres de los hermanos de Paulina Lebbos declararon esta mañana en la segunda jornada por el homicidio de la joven. Sus relatos coincidieron en señalar al acusado César Soto como un hombre que ejercía violencia sobre su pareja.
Sofía, Rosa y Francisco Lebbos recordaron la corta vida de su hermana menor, asesinada el 26 de febrero de 2026, enfocados específicamente en la relación que mantenía con su novio, basándose en episodios que ellos presenciaron y relatos que la propia Paulina les confió antes de morir.
Mentiras, un robo y amenazas
La primera en prestar declaración fue Sofía Lebbos, profesora de letras, que tenía 25 años cuando mataron a su hermana. Ella y Marisa (fallecida el año pasado) fueron las personas a quien Paulina más les contó sobre su novio, hoy acusado de haberla matado.
“Nefasta”, respondió sin dudar cuando el fiscal Carlos Sale le preguntó cómo era la relación entre Paulina y Soto, a quien describió como “un hombre lleno de mentiras”.
“Desde el comienzo la perseguía, le dijo que padecía una enfermedad cardíaca gravísima y que era inminente su muerte, que cualquier cosa iba a causar su muerte. Cuando Paulina nos avisa que estaba embarazada, ella le pregunta específicamente cuál era el padecimiento cardíaco que tenía, porque había que notificar a los médicos por el bebé. Y en ese momento (Soto) le dijo que no, que en realidad no tenía ninguna enfermedad cardíaca”, especificó.
“Siempre fue un hombre manipulador, mentiroso, violento. En los primeros años la amenazaba con autolesionarse, le decía que se iba a suicidar. Después, ya la violencia fue física y verbal. Siempre que hablaban por teléfono, todo terminaba en gritos y en discusión. Cada vez que Paulina trataba de alejarse, él volvía con las amenas, volvía con la violencia, le sacaba los puff de la mochila, le robó su nebulizador y lo vendió” explicó Sofía.
La testigo, además, recordó el intento de Paulina de vivir con Soto y la hija de ambos: “él tenía la esperanza de que él cambie, de que empiece a trabajar, de que estudie, de que se ocupe de de mi sobrina, que no tenía el apellido de él”.
Sin embargo, la experiencia fracasó, según relató Sofía. “En ese período, yo personalmente le acercaba a Paulina ropa, comida, medicación. Por más que estaba (viviendo) en la casa de Soto, ella seguía estando en mi casa. Y yo seguía yendo, todas mis hermanas íbamos a asistirla en lo que necesitaba”.
Agregó que Paulina, además, asumía todos los gastos de su pareja y dase la bebé: “tenía que ocuparse de pagar créditos por zapatillas, por ropa y el abono del celular de Soto. Él era incapaz de hacer algo por él mismo y, en lugar de colaborar con la más mínima cosa, lo único que hacía era agregar problemas, deudas y preocupaciones a Paulina”.
Sofía también relató que Soto atacó físicamente en una oportunidad a su hermana Marisa. “Ella cortó absolutamente el vínculo con él después de una noche en que fueron a comer, él se involucró en una pelea y terminó empujando a Marisa, que estaba con mi sobrina; ahí Marisa le dijo que nunca más, nunca más le dirigiera la palabra”.
Un episodio oscuro
Rosa Graciela es la mayor de los hermanos Lebbos. Es museóloga y bibliotecóloga; tenía 32 años cuando Paulina fue asesinada. “Lo que tengo presente todos los días de mi vida es que ella estaba enamorada de César”, inició.

Sin embargo, pronto su relato se volvió sombrío. La testigo indicó que el acusado nunca se presentó como novio de manera formal ni como el padre de la hija que tuvieron, pese a que estaba presente en la vida de Paulina. Consultada sobre si conocía la casa del acusado, Rosa indicó que sí y relató un episodio inquietante.
“Hacía como dos días que Paulina no volvía a la casa y me fui a buscarla. Yo sabía porque ella me había comentado, dónde vivía César, pero nunca había ido a la casa de él. Sabía que era en la calle de Estados Unidos al 1.200, en unos monoblock que había ahí. Cuando llegué al lugar, me asusté un poco, porque la verdad no entendía si estaba habitado ese lugar o no”, relató Rosa.
“Con mucho temor entré, subí una escalera, pregunté y una señora me hizo entrar a un lugar abandonado. Algunos espacios no tenían puerta. Entonces, una señora me hizo entrar cuando pregunté por Paulina y me mostró un lugar en el que había como una unas estructuras de cemento que hacían como de cama. Y en uno de esos lugares estaba acostada mi hermana, cerrando los ojos, como inconsciente. En la otra, estaba César Soto, con una herida en la cabeza, también como dormido”, siguió explicando la testigo
“Yo traté de despertar a mi hermana y ella no reaccionaba. El que sí se despertó fue César, se levantó, yo le pregunté por Paulina, él no me contestó. Entonces apareció esta mujer, que después me enteré que es la madre de César, y me dijo, ‘ay, este chico va todos los fines de semana a la cancha y se agarra las piñas con todo el mundo’” ,recordó la hermana de Paulina.
Rosa contó que logró hacer reaccionar a Paulina y fueron a merendar. Allí, comenzó el proceso para convencerla de que volviera a la casa paterna. Paulina accedió y, al poco tiempo, comenzó a trabajar en la biblioteca, volvió a la facultad y mejoró su estado de ánimo. Entonces, ella tuvo una conversación con su cuñado, quien le prometió que conseguiría trabajo y cambiaría su vida. Sin embargo, explicó la testigo, eso nunca ocurrió y Soto continuó siendo una especie de sombra para la familia Lebbos porque, pese a que era el padre de la bebé de Paulina, no iba a su casa y ni siquiera la había reconocido legalmente.
Una testigo demasiado pequeña
Francisco Lebbos ya había abandonado la casa materna cuando mataron a su hermana Paulina. Tenía 31 años y había comenzado a escribir su propia historia, pero le preocupaba su hermana menor por la relación que mantenía con Soto.

El testigo aseguró que nunca tuvo un vínculo con el acusado, pero sí dijo que sabía que tenía vínculos con la barra brava de Atlético Tucumán y que mantenía frecuentes peleas físicas en la cancha. Agregó que su familia no acostumbraba a vincularse con esa clase de personas, por lo que la preocupación por Paulina era grande. “No estábamos conformes con esa relación, no por una cuestión de discriminación, sino por el entorno violento en que él estaba”, explicó.
Francisco explicó que sus hermanas mujeres eran más confidentes con Paulina, por lo que ellas tenían más detalles sobre lo que estaba viviendo. Cree que no le contaban todo por temor a que él reaccione en defensa de su hermana menor.
“El señor Soto no tenía mucha perspectiva de progreso. Él estaba como muy estancado en su forma de vida y, personalmente, siempre pensé que iba a ser una relación pasajera. Después sucedió que quedó embarazada Paulina y bueno, ya esas expectativas mías se diluyeron. Pero nunca pensé que este entorno violento podría llegar a tanto”, lamentó.
Lebbos también detalló cómo se enteró de que Soto golpeaba a Paulina: se lo contó su sobrina. “Cuando relató que le pegó también dijo ‘el papá la hace llorar a la mamá’. Nos quedamos perplejos”, indicó. “No estoy seguro si las veces que hizo llorar a Paulina era por maltrato verbal verbal o físico”, agregó. El fiscal leyó parte de su declaración anterior en la que Francisco había dado detalles sobre el episodio, cuando la pequeña le comentó que Soto tiró a Paulina al piso y se abalanzó sobre ella.
Declaraciones del pasado
Como el crimen ocurrió hace 20 años, muchos testigos fallecieron. Es el caso de la madre de Paulina, Rosa Racedo, que murió en 2007; y de su hermana, Marisa, fallecida el año pasado. Sin embargo, ambas mujeres prestaron declaración en la causa. Sus testimonios, que serán leídos en la próxima audiencia, también relataron episodios de violencia por parte de Soto. El juicio se reanudará el jueves 12 de marzo.
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