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Los hermanos Caro
Dos de los miembros del temido clan Caro perdieron la última chance que les quedaba para recuperar la libertad. La Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazó el recurso de queja presentado por Marcos Caro, conocido como “Batore”, y su hermano Francisco, alias “Vikunga”, condenados por matar a balazos a un adolescente de 16 años.
Este jueves, el Máximo Tribunal nacional desestimó el planteo que los tucumanos realizaron a través de sus abogados, Cergio Morfil y Augusto Avellaneda, contra la sentencia dictada el 2 de abril de 2023 por el homicidio de Samir Domínguez, un adolescente de 16 años asesinado cinco años antes.

Los Caro no sólo son asesinos: su principal actividad siempre fue el robo. Tienen dos hermanos que también están presos, todos hijos de Walter “Macho Blanco” Caro. “Batore” y “Vikunga” ya habían sido condenados en la llamada causa de la “Industria del Escruche”, que investigó 20 robos por U$S270.000 más joyas y otros bienes. La banda, que trabajaba de manera coordinada con delincuentes de Córdoba, estaba liderada por Miguel Antonio “La Gata” Lizárraga.
Sin embargo, la condena más grave fue la que les impusieron por el crimen de Domínguez, ocurrido el 3 de octubre de 2018 en Villa Amalia. El adolescente se había presentado en la casa de “Vikunga”, cansado de las burlas recibía por mensajes de texto. Portaba un arma y disparó contra la casa, contra una casa del clan Caro.
La venganza no se hizo esperar. Los hermanos fueron a buscar al adolescente y lo encontraron en Magallanes al 1.300. Marcos manejaba y Francisco, que iba de acompañante, se bajó del auto con un arma en la mano. Había varias personas en el lugar. “¿Qué te pasa a vos, por qué vas a hacer tiros a mi casa?”, preguntó a los gritos, según reconstruyó el fiscal Osvaldo Martínez Terán. Mariel Ruiz, hermana de Samir se interpuso entre él y Francisco Caro, que le advirtió que le dispararía a ella también si no se apartaba. Desde adentro del auto, otro de los hermanos le gritaba “metele un tiro a esa rata”.
Francisco Caro disparó tres veces contra el joven. Su madre y otros familiares lo trasladaron de emergencia hacia el hospital Padilla, donde fue declarado muerto.
La investigación fue complicada por el temor que inspiraban los Caro en la zona. Sin embargo, llegó a juicio. Pese a que la fiscalía pidió prisión perpetua para ambos, Francisco y Marcos fueron condenados a 32 y 29 años respectivamente. Aunque se trataba de su segunda condena (ya habían confesado en la causa de los escruches), no fueron presos hasta un año más tarde, porque recibieron el beneficio de esperar en domiciliaria a que la condena quede firme.

Cuando, finalmente, ingresaron a Villa Urquiza, se encontraron con uno de sus hermanos y comenzaron los problemas disciplinarios. La gota que colmó la paciencia de las autoridades penitenciarias ocurrió este año, cuando los hijos de un procesado por narcotráfico denunciaron que amenazaban a su padre. De acuerdo a la acusación, los Caro exigían a Marcos Nacif, la suma de U$S25.000 y la entrega de una camioneta Renault Oroch a cambio de no tomar represalias mientras compartieran prisión.
Finalmente, los tres hermanos Caro fueron trasladados el 3 de septiembre a distintos penales en Buenos Aires. Francisco y Marcos fueron alojados en la cárcel de Ezeiza, mientras su hermano Cristian, condenado por robo a cinco años, fue destinado a Marcos Paz.

La Corte Suprema de Justicia de Tucumán ya había confirmado la sentencia de los dos condenados por homicidio. Sus abogados presentaron, entonces, un recurso extraordinario, que fue denegado. La última carta la jugaron llegando en queja al Máximo Tribunal de la Nación, que este jueves respondió la presentación.
Los jueces Horacio Rosatti, Carlos Rozenkrantz y Ricardo Lorenzetti coincidieron en que el recurso era inadmisible. Fundaron el rechazo en el artículo 280 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, que establece que la Corte podrá denegar el planteo “por falta de agravio federal suficiente o cuando las cuestiones planteadas resultaren insustanciales o carentes de trascendencia” sin emitir mayores fundamentos.
Así, a los Caro se les terminaron los recursos procesales. La buena suerte de la banda familiar que creció en la pobreza y llegó a amasar fortunas gracias a los escruches parece haber terminado y, con ella, parte de la historia criminal de Tucumán.