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El Altillo Studio es la sede de una nueva propuesta de experiencia musical tangible y guiada.
Ferias de coleccionistas, clubes de fanáticos del vinilo y bares que programan sus noches en torno al tocadiscos ya forman parte del paisaje cultural de la provincia. Lo que todavía faltaba era un espacio pensado exclusivamente para la escucha: no de fondo, no como ambientación, sino como protagonista absoluta de la experiencia. Eso es lo que propone Julieta Ghiringhelli en el Altillo Studio (Solano Vera 1005) los jueves por la noche. Una escucha guiada de vinilo que invita a sentarse, apagar el celular y dejar que un disco completo, con su contexto, su historia y su significado, sea lo único que importa.
“When did music become so important” (cuándo la música se volvió tan importante) pregunta Don Draper, el protagonista de Mad Men, de manera escéptica a su novia Megan. Ella responde: “It's always been important” (siempre fue importante); para que dos capitulos despues ella le regale el icónico vinilo Revolver de The Beatles, y él solo en su sala de estar se siente a escuchar el aún más icónico track “Tomorrow Never Knows”. Un punto de inflexión y reflexión tanto en el personaje como en la historia de la serie.

La escala y la creatividad del empaque son lo primero que llama la atención de un vinilo cuando uno tiene un primer contacto, más aún si se es hijo de la era digital, donde las pantallas de los celulares vienen cada vez con mayor definición. Pero dentro de las plataformas de música se logra apreciar de manera parcial el arte de la tapa del disco que se está escuchando.
¿El artista participó en la mayoría de los aspectos del diseño y la creación del producto? Es una pregunta válida para poner en consideración las decisiones artísticas del músico. Sobre todo porque hoy, apremiados por la vorágine de la actualidad donde el flujo de contenido tiene que ser constante, las tareas creativas se dividen y delegan. No es caer en un snobismo, es simplemente una observación. Además, sería necio negar la democratización y el alcance que significó para la música, de cualquier tipo, la irrupción de estas plataformas.
En Tucumán hay una cultura del vinilo con tradición. Sin ir más lejos, tenemos la Feria de Vinilos del Ente Cultural de Tucumán, un evento recurrente (verano 2026, abril 2026) en el Punto Digital (San Martín 251), organizado por el grupo local Audio Retro, con exposición, venta y canje de discos, DJs en vivo y equipamiento vintage. Un espacio de encuentro para recorrer, escuchar y compartir formatos clásicos que forman parte de la historia musical y la memoria cultural. Por otro lado, se encuentra El Club Vinilo Tucumán: un grupo de coleccionistas locales cuya creación data de hace casi 10 años, en el marco de una feria de coleccionistas donde se buscaba incrementar el movimiento en torno al formato, especialmente entre jóvenes acostumbrados al formato digital. Otro ejemplo es el Fin de semana retro / Feria de Vinilos en Hills del Aeroclub + fiesta Pacará Classic (mayo 2026): una propuesta que responde al interés que existe en la provincia por reencontrarse con formatos analógicos como parte de una tendencia de revival.
Estos antecedentes generan el caldo de cultivo perfecto para la propuesta que compete a esta nota. Pero aquí no es una cuestión de nostalgia, coleccionismo o revivir algo. En Tucumán existe una cultura de vinilo activa (ferias, coleccionistas, bares con ambientación), pero no hay antecedentes de escuchas guiadas en una sesión curada, con presentadora/moderador que contextualiza el disco, su historia y proceso creativo. No es una propuesta que apele al recurso nostálgico o a una búsqueda del pasado.
Raymond Williams, el autor inglés fundador de los estudios culturales, afirma que dentro del funcionamiento del sistema social existen dos tendencias: por un lado, la dominante, que se encuentra en formas dominantes o instituciones. Esta tendencia va desde el control consciente, como el de la prensa, hasta una presunta autonomía de los valores estéticos y profesionales. La otra tendencia es la residual y emergente. La primera se refiere a obras de épocas anteriores pero que siguen accesibles y activas en el presente. Si bien pueden ser absorbidas por la dominante, siempre encuentran lugar para hacerle frente. Es decir, este tipo de experiencia es una contrahegemonía en los tiempos frenéticos que dominan la industria del consumo cultural. Es poner en conciencia que este formato sigue presente y activo.
La propuesta traída por Julieta y el Altillo Studio recuerda a los Jazz kissa (cafés de jazz), cafeterías especializadas en la reproducción y apreciación de música de jazz grabada. Exclusivos de Japón, son espacios en los que la música se escucha con dedicación y no como música de fondo. Suelen contar con un equipo estéreo de alta calidad, una gran colección de música y una iluminación tenue, y se sirve café y bebidas alcohólicas.
Julieta, la guía y curadora detrás de este proyecto, cuenta que la idea nació de un vínculo personal con la música, buscando algún momento para dejar de conformarse con el rol de oyente. "Soy melómana y quería hacer algo activo con la música", dice, y menciona que ese sentimiento la impulsó también a empezar clases de bajo. Esa búsqueda de involucrarse desde otro lugar, no sólo escuchar, sino habitar la música de manera activa, fue lo que la acercó a la tradición de los listening bars y los jazz kissa. Esta búsqueda de recuperar el ritual y la atención traen inevitablemente a la memoria a Hirayama, el protagonista de Perfect Days de Wim Wenders: ese limpiador de baños públicos de Tokio que organiza su vida entera alrededor del gesto de elegir un cassette antes de salir a trabajar, con el mismo respeto y el mismo orden que Julieta busca instalar en sus escuchas guiadas.

El objetivo, explica, es sacar a la música del lugar de fondo al que la empujó la abundancia. "Se escucha la música de una manera muy fragmentada", aludiendo a ese consumo hecho de retazos (un rato en el auto, otro rato cocinando) que terminó por desarmar la idea de disco como unidad. La propuesta busca revertir eso: volver a escuchar un álbum completo, tal como exigía escucharlo antes. Ese esfuerzo que implicaba conseguir un disco puntual en Tucumán obligaba, de paso, a tomarse en serio las decisiones creativas del artista: la tapa, el orden de las canciones, la arquitectura completa de la obra. No es casual que sea estudiante de diseño: esa mirada de proyecto como totalidad es lo que no quiere que se pierda.
Su primer contacto con este tipo de propuestas fue en Buenos Aires, en Parlantes Holofónicos, durante una escucha guiada de Blonde, de Frank Ocean, uno de sus artistas favoritos, que hace diez años no edita material nuevo. Explica que fue sola y que entendió que era una oportunidad única y tal vez la forma en que más cerca podía estar de ese artista y de su obra. Ir por su propia cuenta, de hecho, es parte de lo que valora en este tipo de encuentros: la posibilidad de conocer gente que comparte los mismos intereses y de generar, ahí mismo, una sensación de comunidad.
La incertidumbre más grande a la hora de pensar el proyecto fue encontrar el lugar indicado. Entonces se cruzó en su camino con Guillermo Monteros, Gastón y Leocadio Paz, los dueños de El Altillo Studio: un estudio de grabación instalado en el altillo de una casa antigua de Yerba Buena, con la música electrónica como género predilecto, pero con la intención —previa incluso al encuentro con Julieta— de ampliar su público más allá de ese género. La elección del primer vinilo terminó de cerrar esa idea: Bocanada, de Gustavo Cerati, funcionó como la cohesión perfecta entre el público electrónico de Altillo y un oyente nuevo, más ligado al rock nacional.

La ambientación responde a esa misma búsqueda de un estado casi de elevación: el estudio ocupa la parte más alta de la casa, se suman sahumerios y una máquina de humo, y los asientos se distribuyen de forma heterogénea, nada de filas de sillas, para desarmar cualquier lógica de auditorio tradicional. La búsqueda es la de una experiencia lo más tangible posible, ya que dentro de esta escucha guiada, como el vinilo es una experiencia audiovisual, se entregan folletos que van ayudando al recorrido y se pasan de mano en mano impresiones de información adicional sobre el artista, el disco y el proceso creativo. Más la cortesía de un trago, ayuda a ser una experiencia superadora de lo que puede generar uno solo en su casa al reproducir el disco.

Como curadora, admite que al principio no terminaba de creérselo del todo y que pasó varias horas estudiando y analizando el disco para darle el mayor tratamiento profesional."Con que el 1% le llegue a alguien, yo estoy realizada", valora. Así entendió que nadie tiene la verdad absoluta, y que lo que más valora es la dialéctica que se genera entre ella y el público: esa charla horizontal donde también ella puede aprender algo nuevo sobre el artista o encontrarse con una lectura distinta a la propia: "Lo que más tiene valor para mí es generar este espacio". A esto le suma la idea de que seguramente exista alguien con más conocimiento y una biblioteca de vinilos mucho más completa, pero que si eso no se comparte, si a partir de eso no se genera algo más, todo queda en la nada.

Leonardo Favio dijo alguna vez que no se puede ser feliz en soledad.
Gracias al crecimiento exponencial de Spotify , Apple Music o Youtube Music, la música está en todas partes, no solo en la radio —bares, transporte público, gimnasio, taxis, cuando cocinamos, cuando estudiamos—, casi que de forma inconsciente, naturalizada, un decorado. Como misión nos queda reaprender a escuchar discos enteros, devolverle a la tapa misma su condición de objeto artístico, entendiendo entonces como una verdadera experiencia audiovisual.
Suspender la conversación y sumergirse en el sonido.
“They worship everything and they value nothing” (Adoran todo y no valoran nada), recita en modo de queja apesadumbrada Sebastian, el protagonista de La La Land, un jazzista venido a menos que lucha porque este género no sea olvidado. Si en los bares la música organiza el espacio social, en las escuchas guiadas de El Altillo Studio, la música organiza el tiempo mismo.
La búsqueda de esta propuesta se siente como un llamado, un guiño, a Walter Benjamin y su concepto del aura (no confundir con el aura que hoy es viral en redes) como condición irrepetible de la obra de arte. Un concepto en el que se percibe la esencia de la obra. Ir a escuchar, en vez de simplemente oír.
Benjamin relaciona la transformación de la técnica con el surgimiento de las masas porque la técnica y la sociedad van de la mano. Las masas tratan de acercarse a la obra de arte por medio de su reproductibilidad técnica, como consecuencia, la obra pierde su aura, un tiempo y espacio determinado
Restaurar la escucha como la aparición irrepetible de una lejanía por cercana que ésta pueda hallarse. Atada a su aquí y ahora.
Entonces esta misma se vuelve obra.
#EXPERIENCIAMUSICAL
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