
El Día de la Empanada se celebra todos los 8 de abril y destaca a una de las preparaciones más emblemáticas de la cocina tucumana. Aunque su origen se remonta a tierras lejanas, con el paso del tiempo este plato se convirtió en una verdadera tradición nacional, con recetas y estilos que varían según cada región del país.
Los antecedentes de la empanada suelen ubicarse en la antigua Persia, territorio que hoy corresponde a Irán, donde surgieron algunas de las primeras versiones de este tipo de preparación pensada para ser transportada durante largos viajes. De allí derivaron variantes que aún existen en distintas partes del mundo, como el Fatay, la Sfiha, las Samosas y los Piroshki.
Con la expansión de estas recetas hacia la Península Ibérica durante la presencia musulmana, las empanadas comenzaron a formar parte de la tradición culinaria española. Luego, con la llegada de los conquistadores a América, estas preparaciones se difundieron por el continente y comenzaron a adaptarse a los ingredientes, costumbres y culturas locales.
En la Argentina, las empanadas adquirieron un carácter propio y se consolidaron especialmente en la región andina, donde surgieron variedades reconocidas como las de Tucumán, Salta, Catamarca y Santiago del Estero. Cada provincia desarrolló su estilo particular: las tucumanas se caracterizan por su jugosidad, las catamarqueñas suelen incluir papa en el relleno y las salteñas destacan por su condimentación.
Con el tiempo, la empanada se transformó en un verdadero símbolo gastronómico nacional. Su relevancia cultural es tal que fue declarada Patrimonio Cultural Alimentario y Gastronómico Argentino por la Secretaría de Cultura de la Nación, reconocimiento que refuerza su lugar central dentro de la identidad culinaria del país.