
El inicio de Yllana en San Martín es el de una mueca de sonrisa leve: no hay disgusto, pero todavía falta mucho para el enamoramiento. De todos modos, cualquier DT —más en un fútbol argentino tan parejo— firmaría estar invicto luego de dos meses de competencia. San Martín lleva ocho partidos, de los cuales dos fueron victorias (1-0 a Almagro de visitante y 2-0 a Nueva Chicago como local) y el resto, empates. Aquí el balance empieza a distorsionarse porque los partidos de local encuentran una justificación que le permite a Yllana seguir sumando crédito para trabajar: un debut sin muchas luces ante Patronato, pero justamente, era el estreno de un equipo nuevo; una gran reacción frente a Deportivo Maipú y, quizás, el último por Primera Nacional ante Chacarita, el más doloroso, porque tenía el partido controlado y, en la única de la visita, llegó la igualdad y el equipo cayó en el pozo de la desesperación. Pero cuando hablamos de visitante, quitando matices futbolísticos, traerse un punto de recintos como San Juan o Puerto Madryn es muy valorable.
El eje de la cuestión radica en que San Martín parece lejos de la producción de fútbol total que mostró ante Nueva Chicago. Aquello pareció la excepción más que la regla y replicarlo, por el momento, no fue posible. Sin embargo, en todo esto aparece la imagen del entrenador Andrés Yllana: una cara de pocos amigos, con buen dialecto futbolístico y su manera de llevar adelante esta identidad de un 4-3-3 que quiere ser ofensivo, que quiere ser protagonista, como demanda la historia del equipo de La Ciudadela. Y aquí, en ese rol, se ve un líder que pregona la búsqueda por arriba de los nombres propios: en la apuesta —por momentos por encima de la espera— las oportunidades han llegado para casi todos, y la mayoría de estos cambios respondieron oportunamente para el entrenador, un apostador que mueve las piezas a voluntad y que, quitando algún que otro futbolista, ha logrado replicar resultados positivos con la rotación. ¿El 9 no funciona? Afuera Pons, adentro Diellos, que respondió con goles. ¿Falta un volante que se haga cargo? Afuera Briñone, adentro Kevin López, que le da otra dinámica al equipo con sus pases. En su momento fue Ovando, que lastimosamente para San Martín se pierde la temporada por una lesión, pero en ese lapso en el que se ganó un lugar le bastó para seguir siendo el goleador del equipo. Entra Matías García y aporta asistencias, entra Alan Cisnero e ídem al “Caco”. Todo parece fluir por encima de los nombres.

El tema es que esos engranajes se ajusten definitivamente, como ese reloj suizo que marca la hora, pero en algún momento empieza a funcionar mal. Parece cuestión de encontrar esa pieza del rompecabezas, y cada vez está más cerca. No perder parece facilitar el trabajo de pulir esa identidad, esa manera de que San Martín defina cómo quiere jugar.
Sumado a todo esto, las “apuestas” —por decirlo de alguna manera— siempre tienen un riesgo, máximo o mínimo, pero la posibilidad de ir perdiendo ese crédito que el entrenador construye, a paso de hormiga, puede desmoronar ese trabajo de sapiencia que viene realizando. Por Copa Argentina estaba esa delgada línea entre generar un envión importante y, a la vez, provocar un malestar enorme: ese limbo lo proponía el nivel de Estudiantes de Río Cuarto, último en las tablas de la Primera Nacional. El DT decidió hacer una rotación completa, desde el arquero hasta el 9. El hincha tenía viva la imagen de Pablo Frontini, DT que empezó bien pero quedó marcado por aquella rotación en Copa Argentina ante Racing —es cierto, un rival de distinto fuste—, sobre todo por la presentación del arquero Tinaglini tras la salida del mejor arquero de la categoría, Darío Sand. Y si bien San Martín no jugó bien, este empate que consiguió quizás fue el más dulce: los laterales sumaron minutos, “Pupi” Ferreyra está demostrando su jerarquía como extremo, Jorge Juárez se comió la cancha y Briñone aportó un partido decente con algunas pinceladas del “Caco” García. Lo más flojo fue el tándem Borasi-Pons, y eso explica la escasez de oportunidades. Pero en los penales, el héroe fue Manganelli, tapando uno y llevándose una victoria importantísima en un torneo que permite ilusionarse constantemente, como la Copa Argentina. Yllana tiene ángel; o aura, como dice el piberío hoy.

Por el momento, la danza de nombres del entrenador y los plenos están siendo una constante que, mientras la intuición siga caliente, le permite a San Martín aspirar a mejorar en un torneo donde, como ya ocurrió con el “Traductor” Flores, ser primero de manera temprana no asegura nada en la carrera por el ascenso. Paciencia y tiempo: Yllana sigue vislumbrando su reloj suizo para que las piezas encajen, según su visión y su corazonada.
#YLLANA
#SAN
#MARTÍN
#PLENO
#IDENTIDAD
#APUESTAS
#DT
#ROTACIÓN
#EQUIPO
#PROTAGONISMO
#PRIMERA
#NACIONAL
#CIUDADELA
#EMPATE
#INVICTO
#LOCAL
#VISITANTE