
No importaban las formas ni las maneras. La victoria era obligatoria para Atlético Tucumán, que recibió a Gimnasia y Esgrima La Plata con la necesidad urgente de sumar. El objetivo era claro: recuperar confianza en el ciclo de Julio César Falcioni y tomar aire en la pelea por escaparle al descenso.
Con ausencias por lesiones y expulsiones, el entrenador apostó por un once más lógico: Galván en el lateral izquierdo, Laméndola recostado por la banda con Nicola más centrado, y Tesuri como volante derecho acompañando al “Loco” Díaz. Un esquema sencillo, sin demasiados lujos, pero práctico. El equipo no brilló, aunque encontró la eficacia necesaria para quedarse con el resultado.
El gol llegó con una fórmula histórica en los equipos de Falcioni: la pelota parada. Centro de Nicola para que Clever Ferreira se eleve en las alturas y marque el único tanto del encuentro. A partir de ahí, hubo algunos intentos del Loco Díaz y Ham, pero el primer tiempo se consumió sin mayores sobresaltos para el conjunto local.

En el complemento, Gimnasia adelantó sus líneas, aunque no logró vulnerar a una defensa firme de Atlético, que respondió sin fisuras. Incluso Ingolotti, bajo observación en el arco, cumplió con seguridad. La gambeta de Laméndola aparecía como la vía más clara para el contragolpe, aunque sin resolución. Con el correr de los minutos, el equipo sintió el desgaste y la visita tuvo dos oportunidades claras: un gran achique de Ingolotti y un remate por encima de Torrejón en una acción que parecía un penal en movimiento y que terminó en una definición muy desviada.
El desahogo se sintió en el Monumental José Fierro. Atlético consiguió su segunda victoria en el torneo y la primera bajo el mando de Falcioni, que dejó en claro su identidad y su estilo “a lo Emperador”. Además, cortó una racha de cinco encuentros sin triunfos y llegará renovado al cruce por Copa Argentina ante Sportivo Barracas.

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